viernes, abril 17

Poemas de José Ernesto Delgado Hernández


José Ernesto Delgado Hernández 


 (Buenos Aires)

Compartimos poemas del portorriqueño José Ernesto Delgado Hernández, se pueden leer en el siguiente enlace:

https://2019poetasarchivosdelsur.blogspot.com/2026/04/poemas-de-jose-ernesto-delgado-hernandez.html


José Ernesto Delgado Hernández (Caguas, Puerto Rico, 1981) es poeta, narrador y gestor cultural.  Autor de ocho poemarios, entre ellos La brújula de los pájaros (2016), 1923 (2019, EDP  University), Ninguna patria bajo los pies (2024), Los pájaros que olvidé en el pasado regresaron  a mi balcón (Santa Rabia Poetry, Perú, 2023) y Caballito de palo (Editorial Destellos, 2024). Su  obra se caracteriza por una voz introspectiva, existencial y confesional que indaga en la memoria,  la herida, el silencio y la búsqueda del ser a través del lenguaje.

Ha representado a Puerto Rico en más de quince festivales y encuentros internacionales de poesía,  entre ellos el Festival Mundial de Poesía Contemporánea de San Cristóbal de las Casas  (México), The Americas Poetry Festival of New York, el Festival Internacional de Poesía de  los Confines (Honduras), el Festival Iberoamericano de Poesía (Chicago), y el Festival  Amada Libertad (El Salvador).

Ganador del Premio Internacional de Poesía Juana Goergen 2025, otorgado por DePaul  University y el Festival Poesía en abril de Chicago, su obra ha sido publicada en diversas  antologías internacionales y revistas literarias de América Latina, Estados Unidos y Europa.

Es creador del canal audiovisual Poesía en el carro, proyecto que busca acercar la poesía al público  general mediante lecturas interpretadas de poetas clásicos y contemporáneos. Su escritura —de  tono ético, melancólico y contemplativo— transita entre la vulnerabilidad y la lucidez,  reafirmando la poesía como un espacio de resistencia interior y revelación.


Asimismo, se publican dos comentarios de sus libros  1923 Abuela Lula y Es tristemente bello escribir un poema donde morirse:


 


Un poemario bellamente triste por  Françoise Roy

El poemario Es tristemente bello escribir un poema donde morirse de José Ernesto, publicado  por Buenos Aires Poetry, tiene una dimensión mitológica que me remite a la visión griega del mundo,  tal y como la desarrollaron, al lado de los grandes filósofos, los macedonios y atenienses antiguos que  miraban el cielo e intentaban descifrarlo como indicador de eventos. Lo digo porque en este libro están  muy presentes todos los elementos que los astrólogos griegos atribuían a la cuarta casa zodiacal, es  decir, el lugar fundacional de una persona: esta “casa” (que es un gajo de lo que rodea la eclíptica de la  Tierra) describe, simboliza o contiene varias cosas: el país natal, el hogar, la familia de origen (con todo  y ancestros), la patria potestad, el padre, la casa en tanto que edificio físico hecho de ladrillos, cemento  o maderas, la cuna (es decir, de dónde viene uno) y la tumba (es decir, el desenlace de su vida). Es el  nadir de la existencia, el comienzo y el fin de las cosas. Todos esos elementos, que el zodiaco griego  consideraba ligados simbólicamente, están finamente cincelados en este libro de gran vuelo lírico. 

Está la casa, y la de José Ernesto, como primer andamio de los poemas, está rota. Uno siente  que se le caen los muros o que sus paredes son indiferentes a quien la habita, pero, aun así, la casa  sigue siendo hogar, por tambaleante que sea, y merece cabalmente los versos que el autor le dedica con  mucha fuerza evocativa. A prueba de ello, cito: 

¿qué haces si el techo de la casa 

que no te pertenece 

se te cae encima y 

quedas a la intemperie 

de una vida desmemoriada? 

El lector encuentra el hogar, con su cotidianeidad (el café, las mascotas que comparten espacio  y vivencias con uno mismo), las habitaciones que no reconocen a su morador. Sin embargo, el autor  sabe mezclar con mucho tino lo concreto y lo abstracto, lo contundente y lo simbólico (que siempre  tienen muchas lecturas) porque la poesía es en esencia un intento de ordenamiento semiótico, un  arreglo de signos. El autor lo expresa de esta manera:

miras alrededor: los enseres, 

las puertas, las cerraduras, 

todo te da la espalda, 

ninguna esquina guarda 

La patria, elemento crucial de la cuarta casa zodiacal, también, en este poemario, está defectuosa. Es violenta, no no le ve mucho futuro, ha dejado escaparse los recuerdos felices, pero el  autor sabe transmitir, pese a las fallas del territorio, de los lares, y lo que pareciera ser su condena, un  amor, una nostalgia que le dan relieve a los versos. 

El padre, aunque es escasa o veladamente nombrado, es ahí, en el corazón de esas páginas, un doloroso factor de abandono. Da el tono a muchos de los poemas, que son testimonios de su ausencia.  El autor lo expresa en ese tono “tristemente bello” que colorea todo el poemario:

yo que no supe ser joven,

disfrutar la noche y sus vicios,

por querer amarrarme a un 

mal amor tan temprano;

que nunca aprendí a decir 

“papá” desde la añoranza,

que me quedé esperándolo

y se hicieron cenizas sus palabras;

que en dos ocasiones perdí 

en el intento de la paternidad

Si la cuarta casa del zodiaco griego es la cuna y la tumba del sujeto, José Ernesto lo expresa con  un timbre conmovedor que le da mucho realce al libro. Del origen, el autor dice que nació” con un  dolor en los huesos del alma, como decir un sufrimiento ancestral como una herida heredada al ser  concebido”. Y estos versos me remiten a unos versos de un poeta turco —cuya referencia no  encuentro, pero cuyos versos dejaron huella en mí— que dice que las heridas estaban antes de que uno  naciera y que la persona, de hecho, nació para tenerlas. 

El poemario, en resumidas cuentas, logra lo que mejor hace el yo lírico cuando el poeta habla  con oficio, sensibilidad, maestría lingüística y perspicacia, con amor al idioma: evoca, conmueve y da a  pensar. 

 Françoise Roy es una escritora y traductora canadiense residente en México 

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¿Qué es lo opuesto a la desesperación? La ternura. ¿Qué es lo opuesto a lo que la voz evade? El poema. ¿Qué es el poema en este libro? La ternura: lo opuesto a lo que la voz evade, un ritmo que envuelve y hamaca lo estrecho o angosto de la voz; una presencia, un punto medio entre el duelo y el cuerpo, aquello que transita esa distancia para convertir el llanto en algo menos solo, algo que saque el grito del pozo y lo vuelva confesión. La muerte no equivale a la escritura, pero en 1923 Abuela Lula, de José Ernesto, se le parece. Son un mismo animal que emerge de una suerte de ahogo del agua y, desde ese lugar sumergido y líquido, se levanta, se acerca, acompaña y mece como canto, como nana, como abuela, como Lula. Algo o alguien baja para envolvernos con su manto. Alguien nos está envolviendo todavía: Lula, la abuela, el gesto, la herida que se encarna. 

Y ya no es sólo posesión ni propiedad, sino una posición de la escritura frente al desamparo. 


Silvia Goldman es poeta, docente e investigadora. Doctora en Estudios Hispánicos por la Universidad de Brown. Actualmente enseña lengua y literatura en la Universidad de De Paul, Chicago.