sábado, diciembre 31

Liliana Lukin- De La Ética demostrada según el orden poético



















De La Ética demostrada según el orden poético


(Ediciones La Cebra, 2011)









































foto: Liliana Lukin (archivo)





Demostración

(habla Baruch de Spinoza)



Sueño con una puerta:

armo mi cerrojo

como una llave.

Como en todos los

bellos sueños humanos,

la puerta da a un jardín.

Pero mi llave abre hacia

adentro, donde solo

hay sombra, perfume y rumor

de hojas y de viento.

Yo que he sido

echado, expuesto, amo el resto

de luz que hace posible

ver el jardín donde no

hay un jardín: amo

mi arrojo, mi cerrojo,

el peligro del texto

concebido.


Escolio:


Sueño con pertenecer. Yo,

que nada tengo, a quien nada

pertenece, he sido arrojado.

Amo mi arrojo,

ese acto contra mí

ha hecho de mí lo que soy:

un artífice

que documenta la visión:

un revelador y un

rebelado.



Sueño con ser

recibido,

que mi madre

tome mi rostro entre

sus manos y no pueda

dejar de llorar.

Sueño con perder

el miedo como se pierde

el amor: practicando

su falta.



Sueño con volver

al regazo aún atroz

del mundo,

con los libros que he

escrito, carne de mi carne,

dentro

del saco, como

almohada:


Yo, que he sido

puesto fuera, temido y

desoído y siempre a punto

de caer, cuelgo

del hilo de mi razón

como de la cuerda

el ahorcado:

soy mi razón y mi cuerda.


Sueño con dejar

palabras en el oído

de un niño: quién

podrá decir que no

dije lo que pensaba y

amé y entregué y cuidé

mi pensamiento

como un padre ?


Sueño con una puerta:

armo mi cerrojo

como una llave.

Como en todos los

bellos sueños humanos,

la puerta da a un jardín.

Pero mi llave abre hacia

adentro, donde solo hay

sombra, perfume y rumor

de hojas y de viento.


Yo que he sido

echado, expuesto, amo el resto

de luz que hace posible

ver el jardín donde no

hay un jardín: amo mi arrojo,

mi cerrojo, el texto

en el peligro

concebido.




IV


Con una marca de tinta

señalo las puertas

de los sueños no cumplidos:

años de tinta, tiza, carbón,

años de sueños señalados.


Cuando duerma

otra vez, las ideas bailarán

alrededor de una mesa

la danza de los apenas

satisfechos.


Al despertar abriré,

apenas tocando, lo marcado

y gritará: una rajadura

basta para entrar

al paisaje de lo incompleto.


Y estaré cansado,

no como quien trabaja

en un sueño,

no como quien insiste

dibujando detalles de un tapiz

para no corromperse

en lo quieto de haber visto,

sino agobiado,

como quien pone los platos

que faltaban

en una mesa interminable

y no tiene platos

ni pan,

sólo puertas.
















V


Si lograra dormir,

profusas imágenes en movimiento

darían plenitud

a la cosa soñada.


Como una mesa sucia

donde han comido los amigos

la escena se expandiría

hacia los bordes: todo mesa,

todo sucio de haber saciado,

todo mantel el mundo.


Pero estoy despierto

y los niños me miran

porque canto, lloro,

bailo en círculos cada vez

más grandes

e inmerso en la pena

entro en la oscuridad.






VI


Sueño con voluntad:

mis sueños como una maqueta

de vidas por armar,

diseñados con materias probables,

equilibrios frágiles y torpes,

razones intercambiables.


Planos de planta,

dibujitos habitables

por los excesos y

la precariedad: telas,

vidrio, papel,

generosidades, honestidad,

obstinación.


En mis sueños,

toda vida así construída

encuentra su arquitecto

y su felicidad.


(c) Liliana Lukin


Buenos Aires



Acerca de Liliana Lukin:






Liliana Lukin nació en Bs. As., en 1951. Publicó los libros de poesía: Abracadabra , Ed. Plus Ultra, Bs.As.,1978; Malasartes , Ed.Galerna, Bs.As., 1981, Descomposición , Ediciones de la Flor, Bs.As.,1986; Cortar por lo Sano, Ediciones Culturales Argentinas, Bs.As., 1987; Carne de Tesoro, Editorial Sudamericana, Bs.As, 1990; Cartas , Ediciones de la Flor, Bs.As., 1992; Las preguntas, Ediciones de la Flor , Bs.As., 1998; retórica erótica , Ediciones Asunto Impreso, Bs.As., 2002; Construcción comparativa, Alción Editora, Córdoba, 2003; Teatro de Operaciones. Anatomía y Literatura, Ediciones en Danza, Bs.As., 2007; Obra reunida.1978-2008, Ed. del Dock, Bs.As., 2009; Libro de buen amor, CILC Ediciones, Bs.As. 2010 y La Etica de Spinoza, Ediciones La Cebra, Bs.As., 2011.
Recibió entre otros el Primer Premio ECA, Sría. de Cultura de la Nación, 1985, Mención Especial en los Premios Nacionales de Literatura 87/88, Sría. de Cultura de la Nación, Premio Fundación Antorchas, 1989 y la Beca del Fondo Nacional de las Artes, 1997.
Su obra está incluida, entre otras, en: La nueva poesía argentina, por Leopoldo Castilla, Ed. Hiperión, España, 1987; Coloquios del Oficio Mayor, por M.A. Zapata, revista INTI, Brown University, 1987/88, EEUU; Poesía Hispanoamericana: territorio actual, por Julio Ortega, Ed. Pequeña Venecia, Caracas, 1993; Se miran, se presienten, se desean: el erotismo en la poesía argentina, por Rodolfo Alonso, Ed. Ameghino, Bs.As., 1997; Poesía argentina 2000, Cuadernos del Matadero, dirigidos por David Viñas, U.B.A., Bs.As., 1999; Argentina Fin de Siglo, por Rodolfo Privitera, revista INTI, Brown University, EEUU, 2001; Erótica argentina, por Daniel Muxica, Ed. Manantial, Bs.As. 2001; Poetas argentinas (1940-1960), por Irene Gruss, Ed. del Dock, Bs.As. 2006 y 200 años de poesía argentina, Ed. Alfaguara, por Jorge Monteleone, Bs.As. 2010.
Sus textos han sido traducidos al francés, alemán, portugués y catalán, y publicados en medios del país y del exterior desde 1975. Ha participado en lecturas y festivales de poesía, invitada por instituciones del país y del exterior.
Durante 1988/89 fue Asesora Literaria del Centro Cultural Gral. San Martín, organizó el Foro de Literatura Contemporánea y el Primer Foro de Cine Argentino. Desde 1988 hasta 2001 organizó para Clarín XIII Encuentros de Escritores, y editó los correspondientes “Cuadernos de Narrativa Argentina”, con los que realizó más de 100 talleres de crítica literaria y promoción de la lectura y viajó en 1991 a 9 Universidades de EEUU invitada con ese material. Coordinó desde 1978 a 1989 talleres de escritura, realizó performances integrando la literatura a otras artes desde 1984, y entre 2003 y 2005 fundó Centroimargen, un centro cultural donde fue curadora.
En 2009 y 2010 fue invitada a dar Seminarios sobre “Representación del cuerpo en la tortura y represión en la narrativa argentina 1960-2000” en la Universidad Hebrea de Jerusalén y en la Universidad Autónoma de Barcelona, respectivamente y en 2011 viajó con un grupo de poetas a Francia invitada por la Universidad de Poitiers y la Embajada Argentina en París.
Egresada de Letras de la U.B.A., es docente en Crítica de Artes del IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte), donde organiza desde 2007 las “Jornadas Cuerpos Argentinos”, y desde 2005 coordina la Clínica de escritura poética de la Biblioteca Nacional de Argentina.
Su trabajo sobre estos temas pueden consultarse, al igual que sus ensayos, compilaciones y curadurías literarias, en su sitio web: www.lilianalukin.com.ar

viernes, diciembre 30

Patricia Schaefer Röder
















































mariposa nocturna


soy una mariposa nocturna

que vuela directo

sin escalas

a la fuente de luz

brillante

intensa

que hay en tu alma.

avanzo veloz

sin frenar

sin pensar

no quiero hacerlo.

perdí el control

en realidad me deshice de él

al fin.

no lo necesito

ni lo deseo.

me acerco

cada vez más

mis alas baten el aire

que alimenta ese fuego

inacabable.

me lanzo

segura

embriagada de ti

para quemarme entera

inevitablemente

masoquistamente

divinamente.

entonces

somos un solo ser

pura energía

luz y calor

…amor.



©Patricia Schaefer Röder

Puerto Rico


http://patriciaschaeferroder.blogspot.com

jueves, diciembre 29

Proyecto de la SADE: Tristeza e indignación

Estimadas amigas y amigos:

los invito a leer un artículo sobre un proyecto de la SADE del cual tuve conocimiento en el día de hoy y mi respuesta.

http://revistaarchivosdelsur.blogspot.com/2011/12/proyecto-de-la-sade-tristeza-e.html

cordialmente.

Araceli Otamendi
directora-editora

martes, diciembre 27

La poesía en el sentimiento de Javier Claure - Marlene Durán Zuleta


















foto:Javier Claure


















































(Oruro) Marlene Durán Zuleta

Quien escribe poesía ha de tener no solo la palabra, la estrella, la memoria, también el corazón encendido que latirá con emoción y retratará en cada escrito, su alegría y nostalgia.
Javier Claure Covarrubias, afincado en Suecia desde hacen más de tres lustros, realizó estudios de Matemáticas e Informática, en la Universidad de Estocolmo y de Uppsala. También obtuvo una Maestría (Pedagogía) en la Universidad de Estocolmo. La distancia lo envolvió en sueños, el amor, viajes cortos y largos para conocer y valorar esa parte del país nórdico, África, Europa y Latinoamérica.
Es poeta, su itinerario no solo son los números, la máquina, los trenes o aviones. Prolonga su tiempo y rompe la monotonía de los inviernos para acumular en la geografía del mundo una paz limitada por los ruidos y un recuento de vigilias, amplía su horizonte e identifica la mística de la lectura como signo de esperanza.
Es miembro de la Sociedad de Escritores Suecos, ejerce el periodismo cultural. Fue uno de los organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Estocolmo 1991, donde la invitación fue para Alberto Guerra, Homero Carvalho y otros vates, el viaje se extendió hasta Italia siendo la anfitriona Elda Cárdenas.
Fue parte del cuerpo de redacción de las revistas "Contraluz" y "Noche Literaria". Algunos de sus poemas, han sido seleccionados en antologías de Suecia.
Luis Andrade poeta boliviano, en el prólogo del libro "Extraño Oficio", de Javier Claure Covarrubias hace una síntesis de la obra, valora la sensibilidad, resalta que en ese extraño oficio de escribir, tan intimista, hay escritos de poesía amatoria.
El poema titulado "12 del día", es la rememoración cuando su madre fallece, víctima de un accidente, (las aceras están eternamente llenas, no de personas, sino de cajas, es cuando el transeúnte se vuelve huérfano de protección e inevitablemente debe caminar sin la vereda), entonces Javier Claure se hunde en su pena y musita:

…era mi madre la que puso
su verdadera historia de amor
era ella la que tejió
con pulso de primaveras, de lluvias y vientos
que adornaban mi infancia y juventud.

Mi madre murió
bajo la quietud de un gris otoño
entre murmullos y melancolías
que cruzaban un día anochecidos;
¿saben ustedes señores

por qué el tráfico parpadea
con siniestras pestañas?

Permanece en la memoria, su ser amado, indeleble en el tiempo, cuando sus latidos fueron súbitamente silenciados y reza:

Mi madre cerró los párpados
en un abrir y cerrar de ojos
para reconciliarse en el eterno sueño,
desde entonces
la casa está vacía…
y un inmenso árbol
creció en el camposanto.

Para Javier Claure, este "extraño oficio" pero necesario motivo de transmitir a través de los escritos y sus sentires, remarca sobre la poesía:

La poesía no es una flor desencajada en el espacio
La poesía es un tablero que pone en jaque a los corazones.

La distancia no ha sido impedimento para que el vate orureño, siga escribiendo poesía, que continúe cultivando ensayo con el periodismo cultural. Es destacable que en algún instante su nostalgia se convierta en alegría y esperanza.



(c) Marlene Durán Zuleta

Oruro

Bolivia
Marlene Durán Zuleta es poeta, escritora y compositora


nota publicada en el periódico La Patria, de Oruro, Bolivia. Enviada a esta redacción por el escritor Javier Claure, se publica con autorización de Javier Claure. Foto: Javier Claure publicada con autorización de Javier Claure.

jueves, diciembre 15

Albin Lainez
















































Aprehender el viento


aprehender el viento de

las estaciones una tras otra

con tu risa aleteando

así de cerca

Escuchar la caricia

que flota adónde

y envuelve tan justa este

nimbo con que yerro

Sentirse

en carácter manifiesto

partícipe de cuanto

el camino proponga

para el fervor

Amar

que significa principio

donde partir hacia algo mejor

Quiero decir

hacerse cargo de todo aquello

a disposición durante el tránsito

sin perder el buen humor

ni la libertad indispensable

tanto aquí como del otro lado.

(c)Albin Lainez

Luis Guillón
Provincia de Buenos Aires


Albin Lainez, "cuento y descuento cincuenta y seis desde que ví luz y entré. Soy poeta, pero me le atrevo a la prosa de vez en cuando. Concurro a un taller literario en Monte Grande, desde que no me salía barba. Resido en Luis Guillón, Buenos Aires. Tengo blog arlane-simbionte.blogspot.com "






imagen: Poemas y cuentos a volar(c) Revista Archivos del Sur - archivo: Revista Archivos del Sur

domingo, diciembre 4

Jorge del Río - Hambre tardío
































Hambre tardío






Danza y Niebla


Luna nevada de las madrugadas


Por ahí el tiempo estuvo habitante


El tiempo y los trapos que se

enajenaron conmigo


Mi cuerpo botado en la ciudad


Mi discurso encadenado en los cerros


Mi canto el sepulcro de los distantes


La humedad bebiéndose mis sueños

con todos los segundos sedentarios


Danza y Niebla


Huella descalza en el infinito


Esquina de marea horizontal


De marea y holocausto desapercibido


Mi alma vieja


Mi alma extraña


De los hombres exenta por un hilo de

luz desahuciada


Mi razón perdida


Perdida entre la razón de los razonables


Perdida en el centro de la oceanía


Como un vértigo insalvable

vomitan mis entrañas



Es la materia de los materiales

Mi razón extraviada apareciéndome


Danza y Niebla


Tormenta de bella locura


Polvo y Ceniza y Seducción


Espejo de ánimas y pergaminos


Relámpago en los ojos míos

enfermos de brillo


Transparencia iracunda


Vertiente de mi paraíso indomable

Tengo afortunadamente mi razón perdida


Y afortunadamente sueño en el

arroyo de los planetas


Se me va la vida por los cauces de

mis aguas saladas


Siento el puñal bailando en la

bruma tuya


Todo se hace inmemorial en esta

desmayada agonía


En el efímero rincón donde mis

ojos encuentran las rodillas


Donde ahí sucumben los surcos

cotidianos en una sola llaga incolora


Y me hago quema de varillas impotentes


Y cicatriz de cal en mi suelo debilitado


Adoro la soberanía del cansancio


Su huella en mi llanto


La lujuria de su brutalidad distraída


Adoro la carga durable de su

insistencia cayendo de a ratos


A ratos de miedo y a ratos de

fuego sobre mis párpados


En los collares finalizados por el

resquicio del mestizaje


Allí el cansancio se torna moreno

entre el desenfreno y la sensatez


En el equívoco de un limbo tedioso


Adoro el espíritu y las manos

libres de sombra


Adoro el vacío de los sumideros de piedra


Adoro tu abismo de miel


La distancia de un grito mudo

y su presencia en el aborto

interminable de los estrépitos

He sido el invasor de los misterios

inefables


El de la médula vestida de perfume sordo


El invasor de la intimidad

vejada por mis estrellas desquiciantes


El de tu sigilosa embriaguez y

de la historia


El de los temblores permanentes que

no mueren con la muerte


Adoro penetrar en el nacimiento de

los otros y en mi nacimiento


En la súplica inicial de sus instintos


En la carne desposeída de conceptos


En el faro de la tiniebla

escondido tras el rostro de un lucero


Adoro penetrar en las cenizas póstumas

de la ética


Y me hago impertinente desde el sumiso albedrío

escondido entre mis ojos y mis rodillas


Se me desborda todo margen de intensidad


Me disuelvo integro


Me derramo sobre los charcos

volubles con mi antorcha en el

pecho y los ensamblados delirios

de mis labios semejantes


Cómo quiero ser la lluvia negra

que anda por adentro de los ciegos




Y agonizo


Agonizo como los atardeceres


Y así mi cuerpo cae inerte


Por fin habrá muerto con los

violines de la aurora


Y la vida


La vida colgábase de una estrella

esperando la noche


Dependía de un solo zumbido


Del último hálito


De mi decisión obsesiva: El

individuo y su silencio


No sé si gané o estuve derrotado


No sé si mi pálpito debió ser el

de un hombre o quizá el pálpito

de las algas a la deriva en la resaca


No sé cuán fuerte fue mi voz

en la tiniebla de tus entrañas


Ya no puedo saberlo


Tus manos habitantes cerraron la noche


Y mi luz perdió la vida definitivamente

He muerto tan desnudo como naci

Tan desabrigado como el otoño


En las avenidas y en los senderos.

estuvieron durmiéndose mis vestidos



Con cada minuto su infamia

cayendo junto a las lágrimas


He muerto mísero y despedazado


Con la debilidad sustentada en mi

pecho muerto y desvestido





Tus vísceras habitante de mi hombro sujetas


Tus ojos volcados en otros destinos diferentes


Mi beso hambriento ya olvidado en tu savia


Has muerto conmigo en un solo trozo


Apartándote de mis pasos


Entrando en la rueda de los asfaltos


En el vino de las fiestas


En la ironía vil de los bufones


Has muerto engalanado de bellos ropajes


Con la caricias de los saxofones

en tu ebriedad


Con el tono agudo evadiendo verdades

Con el sello superficial de las

cortezas en tu mente profundizada


Hemos muerto habitante


Hemos muerto a merced de los lobos solitarios


De mí comerán el despojo y las

cenizas residuales


De ti las lavandas y trufas brillantes


Despreciarán mi grito los demonios

Y los ángeles cantarán en el tuyo


Sin embargo


Mi sangre por los ríos del tiempo

fluirá nuevamente


La tuya quedará atrapada en los

cementerios de fino mármol


Y me voy


Me voy con los pelícanos que huyen

de la tarde


Con las costillas afirmando mi pena

y sus pasos de grillo


Busco a los oídos muertos por la oquedad


Busco la niebla en la voz distante

de los lomajes

Y la mano ausente que dejó de ayudarme


No encuentro la pulpa que me

extrajeron los aprendices

Me soy al lugar ignorado por mis sudores


Al deshielo de los infames


Hacia adentro por las heridas


Me voy con los pelícanos que huyen de la tarde

llevándome sus alas nocturnas

a donde ya no puedan

verme con mi desnudez


Y dejo aquí mis pálidas vestiduras


Y dejo también mi intelecto


En mi sombra dormirán mis hijas


Atadas por el instinto impermeable de mi verso


Y con ellas brotará la madrugada

Tal vez en un murmullo apasionado del sol


Dejo aquí a mi padre y a mi madre

Al padre y a la madre que soy o que puedo ser


Dejo a la amante de mis orillas

entre las sábanas y el olor a tempestad


Dejo el aire encinto

para que abierto nazca todo lo que

queda de mí


Hambre tardío


Mi último soplo


Dejo la vida afuera como las

gaviotas su aleteo taciturno


Después del amanecer he muerto


Antes de la última hora


Con una orquesta de clavos riendo en

mis costillas


Crucificado entre los extremos del

alba y su boca


He muerto


Ya no me quedan palabras


He muerto tan desnudo como nací

Tan desabrigado como el otoño




Mi alma ha salido


Me ha dejado en la cárcel de mi cuerpo


Soy ahora un millón de semillas

deambulando en otras arterias


Oh Hambre tardío


Mi respiro está multiplicado


El cuerpo me sobra como un lienzo


La piel se ha descolgado de mi entereza


Ya no vivo como las sierpes


Ya no vivo para los otros minerales


Estoy tan adentro de la vida


Tan afuera del precepto


Tan a era de la corriente que nos

roba el musgo y la danza


Tan adentro del instante y de la eternidad


Estoy tan exhausto


Tan rebelado


Tan dividido entre el aire el mar

y la tierra de la constancia


Tan enajenado como mi reciente

respiro terminal


Dónde estás semejante


Dónde tu miedo y tu orgullo


Dónde con mi abandono


Dónde las enormes primaveras que prometiste


Dónde los tambores de la prosperidad


Dónde están los labios que besaron

mi humildad


Dónde has sepultado la decadencia mía

que te ama


Y mi verso


Y mi pasión


Y mis ojos afilados


Y mi pobreza


Dónde botaste el fruto de las amapolas


Dónde mi palabra escupida


Dónde los momentos que sobrevivieron

a mi locura


Dónde mutilaste mi silencio y el

tuyo junto al mío


Dónde las gruesas horas de la lluvia


Cómo me duele la fábula


Cómo te pediré perdón por no haber

fallecido entonces cuando hube de nacer


Cómo quiero volar en un sueño

desde los campanarios ensordecedores


Y patibulario


Y flor de magnolio


Y sonata de mariposas


Purga de inocencia


Amor exacerbado en mis pómulos


La nada de pie sobre la

espátula de los segundos


Oh alarido de la tranquilidad


La niñez cual flecha desquiciada


El llanto encinto al despertar


Y sobre los árboles sólo huele

a viento de mediodía


La flama descansa detrás del humo ocurrido


Un paso y otro paso al desvelo


La distancia herida


Los caracoles


Su útero y mi moho estancado

en su cofre



Las sábanas arrugadas del desierto

donde viví y amé


Las ágatas caídas desde sus alas


El halcón celoso de su reino


El canto final


Oh Canto tardío como el hambre


Canto de las araucarias y de los

arrayanes de mi balcón


Olor de los espinos quemándose de soledad


Madera turbulenta adentro de mis

brazos aturdidos


Oh ceguera y plumaje


Y pena constructora de vertientes


Y suave navío de los horizontes


Cómo me duele la muerte que

me sonríe


Si sólo no te hubieses ido

La tierra seria azul y cada habitante una estrella


Sin el duende todo se parece a las cenizas


Cómo quiero que vuelva mi espíritu libertario


Si sólo no te hubieses ido


Si sólo la magia se hubiese

mojado de fraternidad


Si sólo hubieses permanecido en mis

huesos por otro siglo


Si sólo me hubieses rescatado de

la ávida modernidad


Sentada tu silueta en el escaño del parque infinito

ella me verá pasar sobre las

hojas del próximo otoño


Y llevarán bufanda las esculturas

rayadas de fierro


Y yo un carruaje desangrado en

mis pestañas


Debo a lo que vendrá del futuro

toda mi antigüedad decapitada


Y a la industria

todas la bellas piedras y los

listones secos de la melancolía





(Año 1993





9 página 111)





(c) Jorge del Río



Santiago de Chile








Acerca del autor:

Jorge del Río; poeta nacido en Santiago, 1955. Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile,actualmente es Director de la Fundación Gonzalo Rojas. Ha participado en numerosos encuentros, presentaciones y lecturas poéticas de diversa índole y con distintos poetas nacionales y extranjeros. Sus obras publicadas son: Tiempos de Ensueño, 1986; De los Oleajes, 1988; Adiós a los Años duros, 1991; Hambre tardío, 1993; Los Poemas del Insomnio, 1996; Vuelvo al Origen, 1999; Y Soy de la Muerte, 2001; y "los Poemas del callejón de Adentro", 2004.

sábado, diciembre 3

Ana María Manceda - Vivir en la Patagonia









Añadir imagen














Vivir en la Patagonia


















Ayer he comido cerezas y soleadas frutillas con Vientos del bosque


Hoy he bebido nieve granizada con Cenizas del Puyehue.


Mañana las lágrimas no empañaran mi mirada y sé


que podré observar el turquesa del Lago


cuando éste se acople en una entrega sensual e infinita


más allá de la Cordillera, con el rojizo horizonte.


(c) Ana María Manceda


San Martín de los Andes


Provincia del Neuquén

jueves, diciembre 1

Verónica Klare - La siguiente estación




























La siguiente estación


Dicen que huyo

Que aún no llego o que ya he partido

Porque no me encuentran

En un ahora y aquí.


Dicen ¡Ahora!

Yo digo pasado o futuro

Del eterno presente

Tan sólo otro andén.


Dicen ¡Aquí!

Yo digo el aquí ahora es allá

En la rueda del tiempo

La siguiente estación.


¡Le alcanzaremos! –escucho decir

Y yo tantas veces los he visto pasar

El desencanto me inunda

Dejo mi sombrero en un ahora y aquí.


Dirán ¡Entonces ha muerto!

Yo digo ¡Mil veces y nunca!

Con un nuevo sombrero

Asomará mi alma otra vez.




(c)Verónica Klare

Santiago de Chile


Verónica Klare es chilena. Ingeniera Comercial. Ha publicado en revistas literarias de Chile y México.

lunes, noviembre 28

Margarita Borsella - Poemas






































































































































































































































































































































































































































































































A ti te hablo...


Un dulzor anidó en mis labios

-rubí encendido

que en su brillo atrapó al valle-,

aquella tarde de oro, aquella tarde de amor...


Entre tierra y hojarasca,

he dejado tu simiente.

Y ahí quedaste, aferrada...

como lo hace en sueños

quien siempre busca al sol.


Durante muchas lunas,

esperaba ansiosa

que bajo la hierba te abrieras,

extendieras tus raíces...

esperaba, esperaba...


Te vi. nacer... te vi crecer...


Con esperanza de nuevas primaveras,

tu cuerpo ausenta la nostalgia.

Y cubre de serenidad intoxicante

la dulce nieve de tus azahares.



Azules noches de noviembre

ven tus manos bajando estrellas.

Bailas al son del viento

en los cristales de mi ventana,

que cantando brinda;

dibujándose en lo alto una luna llena.


Tus flores, delicadeza y juventud,

-lo efímero de la vida-

mariposas que caen en plenitud

como blancas lluvias,

alimentan tus raíces, las abriga...


Diciembre de corazones rojos y abanicos verdes

adornan tus ramas;

donde el viento juguetea, se enreda, se embriaga...

Corazones rojos que hablaron;

palabras que mis labios no animaron a soltarlas...


De pie y desnudo sobre un tapiz dorado,

dejas que el viento cante en tu corazón hueco

mientras remueve tus hojas secas

y tus raíces aún más se aferran

a la tierra esperando primaveras,

como este amor que murió en silencio.

¡Somos iguales mi cerezo!

Yo también espero...



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Entre las bardas

























































Cuando el sol de primavera


besa las cumbres del oeste


se desprenden de los picos


gemas de cristal,


y sobre la cresta de olas blancas


saltan entre el vapor de la montaña,


para luego


bañar los remansos maitenenses.





Y allí cerca nace.


Se hace delgado, claro,


con la intensidad de un amor secreto.





Desde su naciente


en ondulante trazo,


danza por la precordillera,


mesetas y valles.


Fue en otros tiempos


testigo mudo de cantos de muerte,


de la lucha de pieles claras y oscuras,


teñido de sangre y viento.







Pero en ojos del galés descubrió su sueño,


llevándolo hasta donde los sauces


dejan sus lágrimas en la orilla.


....Y así en el valle nacieron


Gaiman, Dolavon, Rawson,


y como punta de rieles, Trelew.



Entre vendaval, greda y coirones


ve sacudir al desierto


en traslúcidas ondas


dejando flotar el eco.


Bajo rayos amarillos,


por bardas, altares y embalse,


tremola hacia el valle


llevando sus nubes insulares.


Y vestido de estrellas,


se entrega a las olas


en un beso enamorado.


















(c) Margarita Borsella






Provincia del Chubut




Argentina















nota de la autora:






En el poema "Entre las bardas", hablo del recorrido que hace el Río Chubut, desde sus nacientes en la cordillera, cerca de la localidad El Maitén hasta que se encuentra con las aguas del Atlántico en el Puerto Rawson. Las fotos del río, las he sacado en su paso por el valle cerca de la ciudad de Trelew.

El poema "A ti te hablo" lo escribo al cerezo que tengo en mi casa, y las fotos son sacadas a él.


Acerca de la autora

Margarita Borsella nació en Esquel, Provincia del Chubut. De profesión química y trabaja como Profesora de Matemática en el Colegio de Educación Técnica N° 748, ex –ENET de la ciudad de Trelew, Coordinadora del Anexo Rawson del Instituto Superior de Formación Docente N° 801 “Juana Manso” en la ciudad de Rawson y vocal de la Comisión Organizadora de la Biblioteca Ricardo Berwyn de Gaiman y de las Ferias Provincial y Patagónica del Libro en la ciudad de Gaiman, Chubut.
En el año 2010 comienza a incursionar en las letras. Participó en el III Certamen Internacional de Autobiografías Ricardo Berwyn y en junio del corriente año obtiene el Tercer Premio.
A principios del 2011 concurre al Taller Literario coordinado por María Eugenia Correas de la Asociación El Árbol y actualmente asiste al Taller del Escritor coordinado por la escritora Cecilia Glanzmann en la ciudad de Trelew en donde trabaja sobre sus poemas.

domingo, noviembre 27

Roberto Galles - Detenerse

























































Detenerse


Habría que andar un paso



y detenerse.

Habría que mirar un momento el cielo



y detenerse.


Habría que mirar un tanto la tierra



y detenerse.

Habría que escarbar un poco el suelo



contemplar los gusanos

mirar el camino, la hierba

y detenerse.


Habría que poner el oído



en el pecho del hermano



y detenerse.


Habría que gritar, esperar el eco,



habría que lanzar una piedra al río,



esperar las ondas en el agua,



aguardar su calma,

buscar nuestro rostro

en el fondo del torrente que huye

y detenerse.


Habría que orar palabra a palabra



y después de cada una

detenerse.


Golpear con el puño,



abrazar, acariciar, destruir,



construir, recibir, dar,



jurar, prometer, recordar

y detenerse.


Habría que encontrar fuentes en el yermo



buscar estrellas fugaces dentro del mar



opacar, con rayos, fuegos fatuos

escuchar al pequeño y al grande

al vil y al noble

y después detenerse.


En fin, habría que rodar un instante



hacia el final abismo

caer un tanto en su obscuridad



regresar a uno mismo

y detenerse.




(c)Roberto Galles



Santiago de Chile

Roberto Galles
es chileno. Autor de los libros “Epiménides”, relatos (2005) y “El Sarolímido”, poemas y cuentos (1975). Su obra ha sido incluida en textos de estudio y en diversas antologías nacionales y extranjeras. Traducido y publicado en revistas literarias de distintos países.

Gloria Dávila Espinoza - Letanía de una sombra














Letanía de una sombra

Sé de la penumbra en vuelos y hielos pétreos

que escarban en gritos, a mis carnes, a sus huesos

y en su sed de zarpar, los vientos,

atizan su magma; en odios,

y cuando epitafios se escriben en mi nombre

danzo, conmigo y todos mis demonios,

y después de tanto más no poder,

canto en silencios sepulcrales,

en donde nudos de sierpes

son falanges llamando

a mis almas todas

y en razonamientos y teorías

de Empédocles, escrutan mi muerte.

Soy polvo del desierto,

frágil espécimen,

desteñida sonrisa,

mientras en tu exilio disparo al sol

el borde de mis abismos en vorágines y fauces

al verme exhalando mis esencias

cual desnudas mariposas

sin alas ni pigmentos.

Y, después de berrear al hartazgo;

soy el fuego que perfila en el nombre

de las sombras del mar

que como ecos en sus rocas perdidas,

vuelven sus miradas extasiadas para ser

el agua, el fuego, el aire de Anaxímedes.

y la tierra por donde escudan mis lenguas.

Escribo en mis ojos, los mares

que jamás anudan calzados

porque aquellas no la cubren, en tanto

mis clavos y maderos en pies y sus olas

son talladas rosas de verano

y a pesar que ella no sabe nada de nada, y

desiertos irrumpen tragedias,

mi patria es el río.

Apenas habito lo inhabitable,

me lanzo hiriendo silencios,

en donde soy acordeones en piel,

en las que descubro que no hay edad sin embriaguez

y sin más muertes que las mías,

mientras visto de cenizas

fagocitando esquinas

mis plumas acuáticas, se erigen.

Por manías de saberme abismos

pervivo en su tiempo

como popa de un barco

zarpando en un tren de sierpes

como escudo,

en donde mi espuma

es logia negra

y sus mantos,

fauces gritando a sus piedras…

¡Piedad…!

Ten piedad por mí...

Y aún al borde del miedo, que escupe la roca,

el amor devasta su antorcha

ésa que me erige en su grito; en ese mismo grito

en el que la noche inunda sus pasos

para hundir su daga en mi alma

al filo de mi coraza.

Dormito en mi garganta

y la rosa erosiona mi nombre hasta el morir;

la noche astilla mi rostro, para darme espejos de Ichic Ollgos.


Mi música es:

canto de cuervos y alacranes al rojo vivo,

trashumantes anquilosando sus iris;

fluyendo como germen del caos

en los odios que se escriben en mi piel

como epígrafes en su elixir.


No hay gruta cerrada

ni llaves en caminos,

el mundo escribe su epitafio

con mi nombre por vez nona.

Te debo todo lo que soy:

hiel,

musgo,

ciénaga

estío en fuegos fríos

piedra laja

acantilados;

y al final de mi voz

en donde el péndulo es sicario

aún mi sangrar no sea mar

sino roca menuda en su aorta

me oirás caer, y gritaré con el tiempo

como espuma en orillas de monzones.

Sé de la penumbra en vuelos,

de espuelas y hielos pétreos

vientres pañuelos

en donde el tallo es su voz en eclipses

mis ojos sus piedras,

mis manos sus ríos

y en tanto su eje no sea el mundo

no habré parido mil veces en sábados, la sed de mis caminos…


Tú dirás... mejor así…,

porque la rosa será en su cáliz

piedra feroz cargada a su pez,

rostro iluminado en pellejos viejos,

corazón de pumas en águilas rapaces;

y por fin , el perdón de penumbras

en pensamientos infinitesimales,

en donde el Céfiro en memorias de una fábula antigua,

sea hervidero apocalíptico

de espada blindada en siete cabezas girando.


Tingo maría, 26 de julio de 2011 (Perú)

© Gloria Dávila Espinoza



Huánuco




Perú

Del Libro: Miriabilias (poemario inédito)


Gloria Dávila Espinoza, nace en Huánuco 1961 (Perú)
Es ponente internacional, maestra, poetisa, narradora, promotora cultural,
y activista indígena. Políglota: Alemán, portugués, inglés, quechua y castellano.
Con estudios de Doctorado en Ciencias de la Educación.
Traducida al alemán, inglés, portugués, catalán, rumano y francés.
Tiene publicados 6 libros: Redobles de Kesh, Kantos de Ishpingo,
La firma, Danza de la Noche, El hijo de Gregor Samsa, y La casa del demonio.
Ha viajado por Europa, América y Centroamérica y recientemente ha sido invitada
a Korea del Sur. Ha sido premiada, dentro y fuera de su país, y forma parte
de innumerables antologías en medio oriente, Europa, América y Centroamérica

viernes, noviembre 25

Valeria Cervero - Poema














Poema












puentes que caen

sobre marea en ascenso.

caída que inaugura el olvido de todos los sentidos.

nadie sospecha de algún sobreviviente.

se gu ri dad:

por los borrados

de toda memoria y toda piel.


en el insomnio de esta noche,

los que no bendecimos la cruel estadía

desdoblamos los pliegues ajenos:

como presagio

de nuevas raíces

dibujamos autorretratos en el polvo

en busca de ese otoño que renueve

pisadas

sobre las nervaduras de los tiempos escondidos.






(c) Valeria Cervero






Buenos Aires






Valeria Cervero nació en Buenos Aires en 1972. Es licenciada en Letras por la UBA. Integró el grupo de poesía Abriendo la boca y el staff de la primera época de la revista Boca de sapo. Coordinó talleres de escritura para chicos en centros culturales de la ciudad. Desde 2010, participa del Festival de Poesía en la Escuela. Algunos de sus poemas aparecieron en revistas, plaquetas y publicaciones virtuales. Próximamente se editarán su poemario cadencias y el libro-álbum escondidas, del que es coautora junto a la artista plástica Vivi Chaves. Su blog es mordiscos: http://www.vc-mordiscos.blogspot.com/

jueves, noviembre 24

Marco Aurelio Rodríguez - Poemas




















Surtidor


En la línea de mis manos

se arrastran las palomas.


Las veo a obscuras

iluminar la carne.


Las aplasto

con

otra mano

que no es mi mano.


Las quiero volar

a mis brazos.

Pero no puedo.


Mis manos se arrastran

a beber palomas.

Pero no puedo.






Como lo hemos dispuesto siempre


Déjenlo morir.

Se diría

que hasta le sonríe

a esa luna ensangrentada.


Déjenlo llorar.


Que regrese hasta su infancia

y recoja solitario

sus juguetes.


Déjenlo morir ―por favor―.

Él lo quiso

y todo debe seguir

como lo hemos dispuesto siempre.


Déjalo un momento; déjenlo en paz.

Ya comprenderemos.


Déjenlo que ría.

Déjenlo que ame y se desnude

para el amor

que entre todos los muertos se reparte.


Déjenme.





(c) Marco Aurelio Rodríguez



Santiago de Chile




Marco Aurelio Rodríguez(Santiago de Chile, 1963), Master de Literatura de la Universidad Católica,ha publicado varios, entre ellos “Nubes para rellenar paisajes que en verdad resulten”, poemario, Ediciones El gráfico, 1996”, y “Los poetas malditos”, Ediciones El gráfico, 1997”. También el libro El árbol parlante, del que se han publicado dos textos en la revista Archivos del Sur.

http://www.quadernsdigitals.net/index.php?accionMenu=secciones.VisualizaArticuloSeccionIU.visualiza&proyecto_id=2&articuloSeccion_id=8893

Ada Inés Lerner - Poemas












Acorralada

Entre mareas y cielos, redes y nubes

se ocultó una soga oscura

y la libertad posible

entre mareas y cielos, redes y nubes

mi cuerpo, pájaro pesado y triste

(pobre bestia acorralada)

entre mareas y cielos, redes y nubes

una herida absurda

no importa dónde

sinrazón estéril

entre mareas y cielos, redes y nubes.

en mis escamas oscuras

oculté la angustia

entre mareas y cielos, redes y nubes

ya libre detuve mi vuelo

Oh! pintor de naves

sobre un mar de nubes

siembras en el viento

caprichos de pasión

Oh! pintor de naves

sobre un mar de nubes

dibujas flores carnales,

estambres de color

¡Oh! pintor de naves

sobre un mar de nubes

germen de la vida

esperando estoy.










Incertidumbre


Extraviada

en los días seguidos amontonando meses

insistencia de tiempo sin tiempo cierto

caos

como un mar que galopa

sobre mis playas


busco en las tinieblas
a un dios ya sin respuestas


Entonces

vuelvo mis preguntas

hacia otro cristo

hacia ese cristo

abandonado en las grutas

relegado


hacia ese cristo

vuelvo mis preguntas

¿me necesita acaso el Elegido?
me encadeno a la esperanza,
extraviada,

elevo los ojos y te miro

te pregunto Dios de mi cansancio
¿caerá sobre mi la bendición sagrada?

(c) Ada Inés Lerner

Castelar
Provincia de Buenos Aires

Ada Inés Lerner
es escritora. Ha obtenido diversos premios como la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores bonaerenses (La Plata); su cuento La calle del jardinero resultó finalista en el primer concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente organizado por la revista Archivos del Sur. Colabora en diversas publicaciones y participa también en antologías.

sábado, noviembre 19

María Alicia Esain - Soneto con pretensiones





















Soneto con pretensiones







El Mendieta es un perro de las pampas
que dejó a nosotros Fontanarrosa,
aquel genio que en Rosario dijo un día
que las malas palabras son hermosas.
Sucedió en el Congreso de la Lengua
en que él hizo brotar las caracajadas
de los hombres más sabios y eruditos
y los hizo alegrar como si nada.
El Mendieta es el perro de Inodoro,
ese gaucho marido de la Eulogia
que está siempre peleando con los loros.
A Inodoro quizás nadie lo elogia
como lo hago esta noche en este foro
pues me siento de Pereyra y de su logia.






(c) María Alicia Esain






Navarro



Provincia de Buenos Aires


María Alicia Esain es docente, escritora y animadora cultural. Vive en Navarro, Provincia de Buenos Aires. Ha publicado cuentos para el Banco Central de la República Argentina, la editorial Infantil.com, y en otras editoriales. Algunos de sus cuentos y poemas se pueden leer en la revista infantil Barco de papel.

viernes, noviembre 18

Educación Superior - Amante Eledin Parraguez


















Educación superior

Sólo cuando el resultado de una observación
impresiona la conciencia del observador,
se produce una única realidad”

Eugene Wigner

La realidad es múltiple
Cada ojo con su mundo
Cada pié en su escalera
Cada mano en su trozo de greda.
Por eso 1+1 es tres
Agregamos espíritu a la matemática
La operación es un salto cualitativo.
Existen pluriversos en movimiento
Seguir los pasos de cada uno es imposible
Hay que esperar sus destellos
Como esperar luciérnagas en la oscuridad absoluta.
Todos saltan y giran
Desprendiendo sus cuantos de luz
Van de órbita en órbita
Cediendo y captando energía
Crecen y buscan su centro.
¿Cómo se ordenan si cada uno es un núcleo
Y la realidad un capricho de nuestro ánimo?
El orden es impresión de la conciencia
El asombro es una única realidad
Eso es poesía.
Educar en el asombro es educación superior.












Sala vacía

Aquí termina el mundo
Si todos se van y nadie vuelve.
No vuelve el sol
No vuelve una semilla
No vuelve el agua
Ya no hay raíz.
No hay palabras
En la sala vacía
Ni música ni carreras
Ni zumbido.

Sala vacía big crunch
Hielos eternos
La oquedad de los diccionarios
Desierto sin amanecer.
Hay un delantal sin cuerpo
Vacío a toda hora.
Surco sin semillas
Campo yerto sala vacía.

(c) Amante Eledin Parraguez
Santiago de Chile

Amante Eledin Parraguez es un escritor chileno, poeta y profesor.

Estudió Pedagogía en la Universidad de Chile e hizo estudios de postgrado en la Universidad de Portland, EE.UU.

Sus primeros poemas quedaron registrados en un cuadernillo mimeografiado bajo el título “Mi Casa”

En Chile publicó sus primeros poemas en la Revista Contramuro, y tiene una destacada participación en la edición de la misma, colaborando con su diagramación y montaje. En 1980 publica su primer libro formal de poesía en Oregon, EEUU, titulado “Digo Mañana de Algún Modo”, obra que se re-edita en Santiago en 1992. A fines de los 80 publica su experiencia: Escritura y Literatura Infantil, El Pequeño Autor.

En 1991 comienzó a dirigir el Taller Literario del Centro Cultural la Barraca de La Florida. En esta instancia trabajó y editó la Revista de poesía “El Cohete”. En 1996 publica un libro de poesía dedicado a Peñalolén titulado, “Peñalolén, nacido de las profundidades”. En 1999 publica su libro de poesía “La canción extraña”. En julio de 2002, publica su novela “Tres años para nacer”. Obra que sirve de inspiración a la película chilena “Machuca” y que se re-edita a fines del 2004. En el año 2003 publica su cuarto libro de poesía titulado “El Único Lugar”. La mayor parte de su obra poética está inédita y en 2006 “Incierta travesía” En la actualidad dirige el taller literario del Centro Cultural “La Barraca” en la comuna de La Florida. Es Director de la Sociedad de Escritores de Peñalolén y se desempeña como docente en el Saint George’s College de Santiago.

Amante Eledin Parraguez ha publicado poemas en la revista Archivos del Sur y también ha sido publicado en el Espacio de Autor:


http://www.quadernsdigitals.net/index.php?accionMenu=secciones.VisualizaArticuloSeccionIU.visualiza&proyecto_id=2&articuloSeccion_id=7624

miércoles, noviembre 16

Dora Elena Lendzian - La chacra






































La Chacra









Primavera









El Chiqui chiqui
Esponja sus plumas
Ronda por los tamariscos
Buscando a la amada
Vuela en el viento
La semilla del álamo plateado
Éxtasis
Arrancan los tractores









Verano









La chicharra rompe el silencio del mediodía
Perforando el sol la tierra
En el canal los chapuzones
Gestación









Otoño









Se ofrecen los frutos
Rojos, amarillo, lilas.
Lánguidamente llegan al pueblo
Alumbramiento









Invierno





La chacra se desnuda
Todo es silencio
Gris la helada
Estáticas las ramas
Tregua








(c)Dora Elena Lendzian




Dora Elena Lendzian vive en Gaiman, Provincia del Chubut, Argentina.




Es escritora, ganó varios premios por sus cuentos y autobiografías y es jurado de concursos literarios. También es aficionada a la fotografía y a pintar mandalas.

domingo, noviembre 13

María Ester Chapp - Poemas










































C A S A D E L A G U A


ella entona cantos de resurrección

enciende faros

en barcos de origami

aletea su enagua

el pañuelo de seda

es la metáfora

balbucea en la casa del agua

su manto de recitaciones

sobre la frente oceánica

del gran diapasón

niñanciana

vestida de algas

flotan sus ojos abiertos

delicados estambres

sobre náyades

la diosa Ganga

Yemanjá

ella ebria de alegorías

susurros

de hipocampos

se deja ver

cuando el barco

a la deriva

después de la desolación

se anuncia

en lluvias de renacimiento

anciananiña

en la mansión encrespada

habita

en lenta profundidad

sus pestañas clarividentes

su don de lenguas

ella


no deja de hablarme


___________________


O J O M A N S O









a Daniel Barenboim


a Horacio Hidrovo Peñaherrera









latitud cero anillo ecuatorial

aquí se puede girar como un derviche

por el vórtice ir hacia la esencia

pasear por los hemisferios

tejer un puente entre las músicas

tramas de brillantes dendritas

me siento en la silla

de la mitad del mundo

pienso en Ramallah Jerusalén

el desierto de Gobi

el verde sur de América

cierro mis ojos blandamente

para que el mundo entero

entre en la mirada

con el ojo manso

veo criaturas

danzar su danza

la delicada membrana



que nos une



(c) María Ester Chapp

Buenos Aires

María Ester Chapp; nació y vive en Buenos Aires.

Es socióloga, ensayista y poeta.

Investigó sobre religiosidad popular, juventud y familia en los sectores populares de Buenos Aires, la problemática social de personas con discapacidad y cuestiones relacionadas con el prejuicio y la discriminación social. Sus trabajos sociológicos fueron publicados en medios especializados, ente ellos: “Juventud y familia en una sociedad en crisis”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1990.

En el ámbito literario, poemas suyos fueron incluidos en diversas Antologías:

-“Poesía Argentina de Fin de Siglo”, Ed. Vinciguerra, Buenos Aires, Argentina, 1996

-“Palabra de la Noche”, Editorial Catálogos, Buenos Aires, Argentina, 2001

- Antología del .XI Encuentro Internacional de Escritores, Chañaral,III Región de Atacama, Chile,2007.

-Antología II Encuentro Internacional de Escritores, Loja, Ecuador, 2009.

Libros publicados:

-“La Sed”, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, Argentina ,2005

-“El Ojo Peregrino”, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, Argentina, 2008.

Recibió premios y reconocimientos por su obra.

Participa como invitada en Encuentros de Poetas a nivel nacional e internacional.



sábado, noviembre 12

Jorge del Río: 30 años de poesía




















Jorge del Río






(Buenos Aires) Araceli Otamendi

Conocí al poeta Jorge del Río (Santiago de Chile, 1955) hace unos años cuando vino a Buenos Aires para participar en un Homenaje a Roberto Arlt en la Feria Interncional del Libro junto con el escritor también chileno Reinaldo Edmundo Marchant. Jorge del Río aceptó enseguida mi invitación para el acto que organicé con la revista Archivos del Sur a fin de recordar a Roberto Arlt al cumplirse 65 años de su muerte.
Ahora, Jorge del Río celebra 30 años de poesía y los escritores Reinaldo E. Marchant y Amante Eledin Parraguez le han preparado un homenaje con sus textos, que a continuación reproducimos.
También se publican en este blog poemas de distintas obras.


Treinta años de poesía existencialista


Por Reinaldo Edmundo Marchant

El poeta Jorge del Río es uno de esos creadores con aire místico que se alejan del mundanal ruido para soltar sus ángeles y demonios. Lleva treinta años pujando por la palabra intrincada, esa que duerme en las hendijas del alma, y que lo atrapa, lo libera, y vuelve a quedar en las brasas de un existencialismo que retrata con altura azulina.
Distante de la moda poética chilena, ha encontrado una voz peculiar, dándose el caso que poesía y poeta son la vez un caso especial, recordando la peculiaridad de un Huidobro, resistido por su condición social, perdiéndose la objetividad de su proyecto literario.
Ciertamente, el aporte poético de Jorge del Río es valioso.
Aquí no cantan los gorriones. No se mueven las hojas. La lluvia no desciende con música angélica. El bullicio es otro: son las aves y la Naturaleza interior que asombra con ritmos punzantes, bellos y valientes, ¡paseo por las aguas de un pozo que se niega a secar!
Del Río ha marcado un sello personal. Lo hace - y seguirá haciendo- de espalda al vaivén de la rima y de las agrupaciones líricas enfrascadas en logros efímeros. La meta no es otra que la metáfora latiendo en una geografía que únicamente él recorre.
Penetrar en sus versos es recorrer a gran velocidad por la impronta humana, esa que no vemos y que ignoramos, pero que nos acecha, nos reclama y nos envuelve en un mar de interrogantes.
La obra de Jorge del Río abraza el sino aciago del hombre en toda su dimensión, hay altruismo, dimensión remecedora de un cosmos desencantado. Hay, no existe duda, la problemática pensante del bardo.
Filosofía, dolor, rara esperanza, poesía lacerante, los textos de Jorge del Río apuntan un camino distinto de su generación y la de su propia promoción vital: no está para materialidad. Lo suyo, lo entrañablemente sentido, lo halla en el bucólico misticismo, que es cuando saca a luz lo mejor de sí y esboza sonrisas.
¡Salud por sus treinta años de poesía y audacia lírica!

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Sobre la Poesía de Jorge del Río (Chile,1955)









Por Amante Eledin Parraguez













Toda gran poesía es un ir hacia el hombre, hacia la humanización de la vida, que al parecer va en sentido contrario. De alguna manera los poetas bregan por rescatar el Ser desde los infiernos, levantarlo del abismo, sacarlo de la temporalidad hacia un mejor sitio.
Algo de este afán encontramos en la poesía de Jorge del Río, que no habla de si mismo; deja que su poesía diga, aunque parezca un contrasentido, porque la poesía de este poeta es una poesía del ser. Y para decir hay que buscar, hurgar y construir. Es una construcción, un hacerse lentamente en la palabra. Al emprender su lectura y seguir el hilo de sus versos uno se siente llevado por una letanía. Es una melodía como un ondear de olas que de pronto se agita en tormenta. Así como sus versos discurren, Jorge del Río es un poeta que vive para construirse y encontrarse: "Yo soy en lo que me encuentro / Yo en lo que me construyo y yo en lo/ que me deshojo" Esta letanía de la existencia es constante: "dónde cuando me busque al morirme/ una y otra vez/ dónde después de preguntarlo" Y su caminar se cierra en el círculo del ser: "Yo seré después aquí/ aquí dónde siempre seré en mí/ siempre en mí seré"
Su lenguaje es existencial; se busca, se halla, se pierde; se reencuentra. Habla para si mismo como si hablara para otro. Habla para otro como si lo hiciera para si mismo. Es un diálogo abierto, constante e inacabado. Su poesía es un batir de olas leves, fugaces o eternas, en un mar que está más adentro que afuera. Por eso nos dice: "miro como la vida a mis adentros mira desde afuera"
"El hombre es carencia de ser, pero también conquista del ser" dice Octavio Paz en su Arco y la lira. Este, creo, es el afán permanente del Poeta Jorge del Río no solo a través de Los poemas del callejón de adentro, sino también de sus libros anteriores, Adiós a los años duros (1991) Vuelvo al origen (1999) y Soy desde la muerte (2001).
“Adiós a los años duros”(1991) en su totalidad es un canto que linda en lo épico; un camino personal donde otros también van; “Porque oigo el gemido de los pies mojados”/ “Oigo como la sombra me coge con su mano muerta”/ “He comido el murmullo/ de las flores/ postergadas en los maceteros”/ “estoy a los otros visitando/desde recién” Es una batalla personal, una lucha por despertar: “tiemblo afortunadamente…/tiemblo entero de vida”…El poeta se da cuenta que no va solo:”Hemos crecido con el humo alrededor”…”Y vengo/ he venido aquí desde la sangre”.
La poesía puede parecer un ejercicio muy personal, pero nunca se puede pretender que no se relacione con la vida total, con el ser humano en su conjunto, aunque sus imágenes sean oníricas o desplegadas como en la explosión de un abanico, en un espacio indefinido. Era el fin de la dictadura en Chile. La épica de “Adiós a los años duros” semeja el vertiginoso movimiento de las aspas de un molino de vientos, con sus pausas y arremetidas, donde el poeta reconoce sus caídas: “Y caí…en el pan que nos asesina”…De alguna forma el poeta pasa su temporada en los infiernos: “Y entré en los ojos de los muertos”. El poemario fue publicado luego del retorno de la democracia en Chile. Por eso algunos versos insinúan un cierto júbilo, cierto despertar, renacer desde las cenizas, aun con la posibilidad de ser: “Estamos con el sueño abierto”. Hay conciencia de que no todo esta perdido para el hombre. “En las cenizas de adentro/ los papeles se tallaron”. Para muchos esos años duros fueron una experiencia traumática que nos hizo despertar: “He aquí la máscara muerta/…Adiós a la duda de mis ojos/…navegamos entonces…/con el rostro de la libertad, en la proa de la fantasía”.
Y llegamos, a mi juicio, a los versos más hermosos de este poemario: “Es el hombre me dijeron/ la piedra arrojada al rostro/ la flecha sajando la aurora/…/es el hombre me dijeron/ la batalla de los hombres tuertos/ la miel escasa de sus panales. Las balas me dijeron, las hojas fenecidas / los fusiles desafinados/ los cañones de plumaje tordo”. “Adiós a los años duros…/he visto el cielo recoger sus hojas/ y al aire ensangrentado de este siglo…/ A las piedras volveremos/ con la rosa desvencijada en los maicillos…/ que vengan los oleajes/ el roquerío de las cumbres/…que luego de las sed me dejen palpar el agua/ y mi deseo de salir…/ que vengan los galopes/ las carretas de madera…/ Voy a volver a nacer”.
En los Poemas del callejón de adentro (2004) resuena una voz muy personal y distinta, pero igual. Es una voz que surge desde si mismo y para si mismo, no sin dejar de ser la voz de otros. Esa igualdad radica en que comparte el afán de todo poeta de revelarnos la condición humana, por eso es un poeta que habla en solitario, se habla a si mismo y a los demás.
"Esa que viene en la ola
es mi voz que golpea con furia..."
Al oírse esta voz, también escucha la voz de los otros. Y en esos otros está el hombre mismo:
"Tengo por mi canto a todo el hombre
que viene por mis ojos adentro."
Y luego, reafirmando su afán de búsqueda y encuentro con el ser del hombre, el poeta nos dice:
"Yo escucho mi voz
desgajándose de mi garganta...
Así como yéndose a la vastedad
Yo la escucho en mis abandonos."
Desde aquí ya se anuncia la bajada del poeta a los "Infiernos" en su tarea de rescatarse a si mismo. ¿Rescatarse?, ¿Desde dónde?, ¿Desde qué?

Ese amplio callejón es una forma de señalar la vida misma, pasadizo por el que vamos resolviendo nuestras necesidades, nuestras angustias y nuestras esperanzas. ¿Dónde está la salida? ¿En la vivencia intensa de la vida? ¿En la poesía misma? En esta búsqueda constante; en esta bajada, pareciera que el poeta no encuentra una respuesta definitiva. Nos dice en su poema "A mis honduras"




"Es que de tanto ir a la hondura
la hondura se me hizo obscura"





El poeta se ha entregado a su palabra, no hay pretensión más que hacerse en la poesía. El silencio que toma lugar en su poesía es su herramienta y su razón. Aquí está lo que toda poesía debe traslucir, la permanente inquietud por el sentido de la vida, el cuestionamiento de la existencia y la búsqueda de la permanencia. Es una poesía del ser, y su presencia en otro tiempo. Aunque su mayor inquietud es la vida, también la muerte lo hace proferir su aullido. En su poema "A mi tristeza", hablándose, a todos nos interroga:





"Y la vida
¿Qué será vivirla sino
el riesgo permanente de morirla?"





Si coincidimos en que la poesía es lengua desgarrada o arrancada, como lo diría S. Pey, en los poemas del callejón de adentro encontramos también la imagen del hombre desgarrado, pero que sin embargo se encuentra y se unifica en el lugar mismo de la poesía.





"Es que amo la poesía
allí frase adentro donde permanece ardiendo"





El poeta es un solitario que busca un fin para el ser humano en su totalidad. "Yo el que habita en cada individuo de mis soledades/ yo permanezco/ yo solo drenado en mi sombra"
Volverse hacia si mismo no significa desconectarse del flujo universal y dejar de pertenecer al todo. El poeta busca, brega por encontrarse; por hallarse, para ser en ese hallazgo. La poesía contiene esa totalidad ardiente. En estos poemas de Jorge del Río llama la atención ese "Yo" que aparece constantemente; esa voz que se habla a si mismo, pero que al leerle es un "Tú", como el propio poeta lo ha manifestado. Entonces ese "Yo" es una invitación constante a ser "Tú", es decir, a través de la primera persona, encontrarnos todos en un mismo lugar. Pero finalmente el encuentro ocurre en la poesía: "Porque vienes conmigo melodía/ Ahí contigo yo vengo en la envoltura de tus sonidos"…"Yo soy lo que nadie / Lo que nadie dice… Solo mi verso como campana / Yo soy en mi verso"





Los poemas de Jorge del Río están en un lenguaje sencillo, esencial; que alcanza su madurez personal, pero que está hecho de palabras que llegan más allá de su habitual significado. Son palabras que se trenzan para decir lo indecible; que erigido en sus imágenes, alcanza su plenitud, es decir; la poesía.
* * *
Jorge del Río; poeta nacido en Santiago, 1955. Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile, fue Director de la Fundación Pablo Neruda y actualmente es Director de la Fundación Gonzalo Rojas. Ha participado en numerosos encuentros, presentaciones y lecturas poéticas de diversa índole y con distintos poetas nacionales y extranjeros. Sus obras publicadas son: Tiempos de Ensueño, 1986; De los Oleajes, 1988; Adiós a los Años duros, 1991; Hambre tardío, 1993; Los Poemas del Insomnio, 1996; Vuelvo al Origen, 1999; Y Soy de la Muerte, 2001; y "los Poemas del callejón de Adentro", 2004.

Jorge del Río - Poemas










































(Buenos Aires)

Se publican poemas de Jorge del Río (Santiago de Chile,1955) a modo de homenaje, por el 30º aniversario de su poesía. Los escritores chilenos Reinaldo E. Marchant y Amante Eledín Parraguez han escrito textos para esta celebración que se publican también en este blog de poetas. Los poemas corresponden a distintas obras de Jorge del Río.

Vuelvo al origen

I
Hízose nocturno el pensamiento de
mis sabios
Encendido el pensamiento en mis ojos
de los búhos
Sacudida de peldaños la noche de
unas flores
Yen los peldaños sacudidos todos
los ojos de mi vestimenta
Entonces de un hombre de la noche
hízose el poeta de los hombres
Y del poeta en mi hombre prisionero
el terrorista de los institutos también
La pluma aulló azulada en mi
belleza de hombre hambriento
Y el hambre del fusil en la hiel
de mi guerrilla comenzada
Y vino bello mi canto al poeta
Y el poeta al latido póstumo del sol
Y póstuma la violencia en mi canto del encierro a los dientes apretados de la bravura
La creación al designio de mis alamedas opuestas
Y la escaramuza de su sombra a la empuñadura y al conflicto de mi sudor

Imagino al deseo a tientas viniendo
por el estruendo
así como a las mandíbulas del verso
yo las imagino tentando sus hojas en otoño
Y asesino con la mordedura fría de
mis acequias sangrando
todos los días extravagantes de la demasía
Todos esos días apareciéndose como fantasmas
en mis huesos del vestigio

Entonces
Mis letras al horizonte cayeron enloquecidas de tinta
Como el discurso febril de una era
muriente
Y mis balas hablaron por sus rojas avenidas
con la voz tartamuda saliendo
y sus ovalados colmillos de hierro

De los valles nació entonces mi dureza fértil
La dureza necesaria para el miedo de los poetas
Y decidida nació después mi vertiente en los acantilados
Mi vertiente cayendo como los pétalos en el corazón
de los terroristas
Por eso mis piedras alojáronse de sangre
en las orillas de la muerte
Y de sangre la porfía en la ventana
de mis recuerdos recién muertos
Por eso allí he despellejado la espuma con el ataque ciego
Y también la verdad de mi única vida originaria
Regreso entonces por los dolores
Por el mar y por el infierno de las cosas
yo regreso a las brasas que me sobreviven
Voy con la ofrenda y la poesía definiéndome al olvido
Voy hacia los hombres de mi resonancia
Vuelvo allá donde antes existo con la visión cerrada
de ansiedad
Con las pupilas de noche distante
Solo y completamente solo
con el corazón a resguardo
de mis inquietudes
II
Y dónde está el hombre de la era viva
Dónde sus manos momentáneas y el
momento diáfano de sus raíces
Allá lo veo como si fuera yo
pero sin serlo
Allá el hombre del tiempo por debajo
de la muchedumbre
Yo en los hijos del hombre afronterizo
Y el hijo despierto más
allá de las fronteras todavía
Más allá con su olor a beso escondido
Con un beso en la resaca detenido
O con su reto en los labios incontables
de los otros hijos
El hijo con sus labios alargados de
crepúsculo
Y el véspero en su desafío divulgándose
de huellas
Allá lo veo con su silencio rasguñando
mi silencio
Y a sus horas abandonándose en la
tierra de mis horas
Allá lo veo del infinito brincando más
afuera
Como si fuese un resuello de mi trozo
pero sin serlo
Como si fuese un destiempo de mi espejo libre moldeándose en su boca ya lejana de mi boca
Este es el hombre de los caminos de
la brisa

Y de los caminos de su polvo el esqueleto
del hombre venidero con los vientos
Allá lo veo más profundo que las
grietas sordas
Así como si fuesen mis grietas
pero sin serlo
Allá con la sordera del propio nacimiento Como si fuese el mío interno
pero sin serlo
Allá veo a los pájaros hablándole de hijos
al murmullo
Y yo aquí lo espero entre ventanas
de lirios abrigados de mí
pero sin serme
Ahí está el hijo interminable de las
épocas
El hijo del hombre y de las épocas que
he sido
Y en la desnudez y con la lluvia del retorno
lleva el hijo con sus hijos
toda mi escultura transferid por los años
de los años de los años
Así como si fuera yo
pero sin serlo
allá lo veo venir desde mi carne
en la posteridad de unas mañanas recientes
III
Entonces
conmigo
mi lámpara de anhelos
Vino tibiamente sobre mis huesos pintados de violeta
Con la luz callada de los párpados y el
rocío inherente de las madrugadas
Vino a comer de mi pobreza y de mi
fuego a beber en sus costados
Quise ventilar en su reflejo
todo el escarabajo de mi lenguaje
Y acribillar en los pómulos de su sonrisa cada uno de mis soplos titilando
Por eso
el brasero me ocultó su último
estornudo


El relámpago y sus látigos durmiendo conmigo y su tristeza
Como el barro de los instantes yo me fui muriendo y muriendo
Haciéndome barro del barro vivo
y aurora de la aurora abierta
Y con el sol sediento en mi piel adentro yo me fui subiendo y subiendo a los bosques
Casi plateándome de alegría por sus hojas desoladas
Casi enrojecido de plenitud y de belleza
por el arrebol de la tarde
IV
Y lloraron entonces conmigo los
árboles desvestidos
Y vestidos de negro lloraron los hijos de los árboles también
Su suelo de ramas fueron mis pisadas vacías
Y su agua turbia la crueldad de la ciudad de los ciudadanos
De verde a gris y de gris la pesadilla en su pulpa y en mi cuerpo
Conmigo los árboles salvarán mañana sus hojas
Y los hijos de los árboles podrán entonces creer en los hijos de los hombres
V
Y tengo entonces la idea de
Enajenarme
De hacerme ajeno a las pupilas y a los
tímpanos
De enmudecerme a todos los espacios
De inexistirme demasiado en la claridad y de existencia repetirme muchas veces
De únicamente respirarme y entre
umbrales y honduras mutilarme
De oler eucaliptos y olas invernales
De hacerme de fallecido
y suspicacia de rincones
El arrebato de las cumbres viniéndome
Y las águilas hacia mi alma cayendo
por añadidura
El navegante de lo inefable que me
llarna
y la mano donde se ocultan mis deseos
Quiero entonces deshacerme
Deshacerme de los rumbos esclavos de
la luz
De volar de pradera en pradera
y hacia tiempo alguno
De volar haciéndome de luna
en la noche de las aves
O de noche en la luna cobijándome
sus vuelos y plumas
Tengo la idea de disfrazarme de invisible
De no estar a la deriva de tumbas y tumultos
De desistirme de latidos
y asirme a la fractura de los aires

De convertirme en la ausencia que me
busca por los huertos
Y en aquella ausencia dormirme de futuros desapareciéndome de muertes
De encenderme en el plenilunio y ser para ti un abrazo y un vacío simultáneo
De hacerme el distraído en el agujero de los vacíos
Agujero de huracán y fermento de mediodía
Cerrojo y obertura
Cerradura
Escalera
Quiero estrellarme como la noche se
estrella de obscuridad
Abrirme al universo de sus senos imaginarios
Fingirme su movedura que me espera como la sombra
Bañarme en sus ocasos de tristeza y en mi tristeza
De ecos y velos bañándose conmigo de distancia y de gritos acercándose
De amanecerme con el llanto de unas esquinas sueltas
De llenarme con el brillo de los sabores
Hoy de lluvias ahogándose en los párpados
y pausas
De hacerme de lagunas oscilantes
De oquedades y semanas que me ignoran
De habladurías y comedias que me subrogan
Hoy de sueños y de sueños y de sueños
Más allá y de siempres conmigo
De soñándome cercano a las batallas y a los grillos
De laberinto de enredaderas
y de hormigas lutosamente vestidas

Quiero recoger de la tierra toda la inmensidad de los hombres botada por su trascendencia
Y entonces
Tengo la idea de gritarme una y otra vez
De despertar transparente de inconsciente
De decírmelo todo cuando me delaten los suspiros
De descolgarme de los ojos
y verme con el rostro implantado en el pecho
De conocer las desequilibradas arenas de sus pestañas
Y de morir hasta el mismo nacimiento
De morir en los apogeos
y comenzar otra vez desde la muerte
De deshojarme hasta la nada
y desaparecer por los ninguno

Tengo la idea al fin
de volver a mi lado
De reivindicarme con el canto de mi canto
que vuelve a contemplarme apretado de mí


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El mar de los silencios

II

(prólogo)

Como si todo entendiéramos
de sorderas
y también todo
de cegueras
todos en la capital
amaneciendo sobre el capital
y el discurso
cargando la espalda
y la nuca
casi majadero
de lo que poseemos
o debemos poseer
y que nos viste
jactándonos
un progreso
de algunos
que nos empujan
o de los que vienen
acelerando competencias
con recursos humanos
en el gran circo
disponibles
del mercado
o de la apariencia
o del muestre
que evita mostrarme
e impide
que yo te vea
y te sea
con sólo un corazón abierto
con ese corazón
aplastado contra la reja
principal
de este laberinto
de esta enormidad
frustrante
como serpiente veloz
que sonríe
sobre el torso del agobio
donde yaces
innominado
a un costado de la riqueza
sobre la acera
de un monedero
de sólo hojalata
escaso y abismante
que nunca tocas
porque nunca está en tus manos
y tuerto
como tus retinas del día
encandiladas
que sin comprender aún
que esta vorágine
no se detiene
que anochecen después
de cada luna
más solas
y más solas que nunca
como nunca estuvieron
pero que por suerte
se incendian
para salvarte conmigo
trayéndote
a la fuga
que desde ahora
te propongo
hacia la inopia interior
la indigencia
de unos desequilibrios
renunciando
hacia el mar

(Epílogo)
Porque en este cautiverio
desgracia
muralla tras muralla
lleno de seres
y enseres
abotonados entre sí
deambulan en autobuses
acarreándose
los unos a los otros
por pantallas
a otros cautiverios
que también desgracian
muralla tras muralla
donde se suben
como ganado
y se bajan
como ganado
y se atraviesan
y no se miran
y aunque se miren
no se distraen
y no se reconocen
y se desconocen
y menos todavía
se reconcilian
porque nada
de algo
se hablan
y sólo mastican
y regulan
y nada del cuerpo
entre si
se tocan
y nada tienen
que perder
o ganar
desde sus malsanos
destripamientos
porque en sus rutas
de luces y sonidos
sin noches solos
sin decires en las noches
y sin memoria de la piel
ni del escalofrío
de un nacimiento
ni los perros
siquiera
les ladran
en el torrente ventisquero
de su sangre blanca
que en cada uno
ahuyentada quizás
transcurre por enchufes pianos
si es que transcurre acaso algo
en este tiempo
el vacío
la línea uniforme
de su laboreo enrarecido
con herramientas fijas
y los ojos fijos también
desteñidos
monocordes
controlados desde lo remoto
sin percatarse
que detrás de una puerta
de una sola
afuera
desteñida como sus pupilas
y restringida
por riendas y bridas la existencia
deconstruida
de adentro
ha dejado de ser
ha dejado de ser
qué importa
para aquel pobre
y cautivo en la manada
el hombrecillo simple
de la calle
una vez más solitario
y huérfano
que en el autobús
de siempre
sin holas ni adioses
ya fallecido
por decisión propia
o ajena
como un muerto
continúa paseando
creyéndose inmortal
la pestilencia imparable
de sus restos
por los alrededores
del entumecimiento
de las aceras
SU mortaja
de cadáver vivo
sin que nadie
nadie le pregunte
siquiera
cuándo será
o si será por fin
enterrado
III
Hablar con el océano por su boca llena de olas
y oírlo despedazarse y en un segundo recomponerse
Y esa luz del fondo va tibia lenta
hacia el otro lado un horizonte muerto
El párpado derecho se cierra
desangra el crepúsculo ennegrece la isla la costa
hasta mi presente desaparece en la vastedad
Atrae mi sordera el páramo
la quietud aledaña los arbustos imaginarios
la nada entreabierta asombrándome lo innacible
Porque frente a mí balancea el descenso su noche
sin trompetas mojándose
el aire descarriado el suspiro de las hojas
la inmediatez innavegable
Qué huellas ha borrado mi señora
esta tarde acercándose al olvido
No las suyas en cenizas flotan con la espuma
No las suyas en mi pecho galopando inoportunas
No las suyas no
esta noche viene trae lunas blancas
mareas deambulando
desahoga seres vivos la resaca
como vivo después de extinto
desgarra mis costillas el huracán apretujándome el silencio
Uno con otro desanudan los naufragios la impermanencia
uno con otro los pies las flores
cavilan todos sobre el incienso del Leteo
recordándole mi señora lo finito la palabra muerte
el tiempo ante lo perdurable
los delirios la orfandad mía en el espacio
IV
Soy el antenacido mis hazañas latentes
las innumerables ausencias
el callado mundo del mar a solas
inundándome lo hallado
lo andado por las avenidas que no oyen
sumergido en una fuente
en una siesta atemporal
V
Escúchame el hombre los suburbios de sí mismo
su suela dura pisándole los huesos
escúchalo temblar su nacer la desenvoltura
su cauce venir escúchale
la desembocadura su corazón
suena el crujido su pálida corteza
un pájaro rojo inmigrándolo
latiéndole la cáscara soltándolo
la cascada desatada haciadentro
XXXIX
1
Tuvo que venir
varias veces venir
el garrote primero
luego el arrepentimiento '
la inquietud del fin
tuvo que intervenir
avizorando
desde el disimulo
en un rostro apreciado
la botella hiriente
que todos los días
le disfrazó la verdad
para mantenerlo en reposo
2 La copa el vino
al frente la botella
mirándose detrás del fuego
estrangulando abstinencias
con el frío de ambas
para entibiar la garganta
e irse a morir y morir al pozo
en la sangre escurridiza la sorpresa
el atrevimiento
las desvencijadas partituras de la lujuria
que cabecea sobre un sillón hecha pedazos


Los poemas del insomnio


Nací del fondo de los bosques y
del estambre de las flores
Nací del musgo que vuela en las raíces
y vine a cantar por adentro del sol de los cautivos
Soy el duende que los protegerá
de los pantanos en la desdicha
Que los llevará al sendero de los
unicornios y
les buscará el agua clara
de los magnolios
Allí beberemos la luna del follaje
con un sorbo de olivo y otro de amapola viva
Porque en el mar impreciso de los nacimientos
se sabe que un duende equivale a un respiro
Y así permaneceré adentro suyo como así
permanece el aire tibio de la esperanza
Cabe el tiempo en nuestras manos que
recogen las cenizas
Como si de su carbón instantáneo cantaran
otra vez las ágatas disueltas
No en vano el estío nos vino casi sin ropas
Casi perpetuo como la ola incesante del mediodía
Y de la nada entonces la navidad
La nave de los piélagos
El nombre de los terrenos
La avidez de la conquista
El grano reciente de los huertos
El alarido egoísta de nuestra existencia recapitulada
Estoy despojado de los años
Soy nuevo en el umbral de las hojas
Carente de herramientas vacilantes
Igualado en el opuesto de mi espejismo
Crecido para redimir mis pasos
y tus cobardías en mi cuello
Estoy para dibujarlos de inicio y de fragmento
Para reposarnos junto a los pies
redentores del remordimiento
Junto al abrazo de nuestra recíproca
creación
Y he dejado mi quejido clavándole
el ahogo
Mi palabra enredada en su saliva
Mi huella esculpida en su fermento
irreprochable
Y he dejado la inmortalidad incrustada
en su delirio
Como si la desnudez fuese liviana y
el espíritu de carne amamantada
Es que mi piel navegó en su sorpresa
afable
después de un día purpura y sudoroso
He puesto lo vespertino en un soplo de
su súbita juventud
Y todo fue parido en el inmolado
solsticio de ayer
Somos escultura genital e igualdad de latitudes
Somos los amantes consuetudinarios de la paz
De aquella candela ensangrentada
por el mañana de los hombres
Obscuro tesoro de las intimidades
Noche rojiza y cabal entre tamarugos
Su cuerpo entero un animal reclinado
Artificio de un amor encamado en la tempestad
Rapto nocturno de la fantasía en mis pómulos
La guitarra desmayándose de vino frío
El sosiego desabastecido en el ingenio de los rieles
Su secreto rizado como un síntoma de
historias inesperadas
O mi pecho espera un rostro de pecho y caverna
O la dormida escena de los amantes dormidos
O el arbusto donde descifrar el trebol y el rosal
O el cofre de unos personajes contenidos al deseo
Y yo escribo en la pausa de lo incontable
En lo implacable del foso mío que me aborrece
En la desesperación de las mariposas envueltas
En el sabor plantado de los frutos del alba
En mi desvelo y en mi pestaña de dragón solitario
En la resurrección de todas las espigas
que me rodean
Y he llegado hasta mi primer legado
Hasta el sedimento efímero que cayó de un abrigo cualquiera
Hasta el predominio temperamental de mis sabores iniciales
Y he llegado con los tacos esculpidos
por la polvareda de adentro
Con un bastón sujetándome del progreso
a las raíces
Con el celo desenmascarando los
nudillos inmóviles del climaterio
Y con mi tiempo al fondo he llegado solo
Y con los otros he hablado de los otros senderos
Y con los años he tocado los rocíos en los sombreros
Y también la fatiga de las algas en los roqueríos
Con el horizonte conocí todos sus triunfos diarios
y nocturnos
Y con el látigo lo iracundo de las flores que fracasan en los
maceteros
Y conmigo he hablado de los hombres momentáneos
Y he balado por los millones de sus dolores escarpados
Me desangré también como sangrador de las uvas suyas
Y no estoy ahora afuera de los hechos que
ocurren en sus patios
Y porque no puedo estar ahora afuera de los hechos
ellos quedarán afuera de mí cuidándome los fundamentos

(c) Jorge del Río

Santiago de Chile



Jorge del Río (Santiago de Chile, 1955). Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile, fue Director de la Fundación Pablo Neruda y actualmente es Director de la Fundación Gonzalo Rojas. Ha participado en numerosos encuentros, presentaciones y lecturas poéticas de diversa índole y con distintos poetas nacionales y extranjeros. Sus obras publicadas son: Tiempos de Ensueño, 1986; De los Oleajes, 1988; Adiós a los Años duros, 1991; Hambre tardío, 1993; Los Poemas del Insomnio, 1996; Vuelvo al Origen, 1999; Y Soy de la Muerte, 2001; y "los Poemas del callejón de Adentro", 2004.