lunes, abril 20

Silvia Loustau




1

qué hay del otro lado del espejo

acaso relojes marcando

horas anteriores .

ayeres cansados de existir.

un Golem vivo para siempre.

emet escrito en letras de oro

la e imposible de borrar.

la vida en infinito.

ausencia de maná y miel.

un lejano volar de mil campanas

anunciando el suspiro final.

2

qué hacer

con este otoño

sin autor ni dueño.

qué hacer

con la juventud e las rosas

y el rocío cantando un aria en la ventana.

qué hacer

con esta certeza

de viaje postergado

de tiempo que no vuelve

con manos ateridas

ante ausencia de otras manos.

qué hacer

con este ramo de violetas

y esta mariposa

que no ha olvidado el vuelo de la infancia.

qué hacer.

( de: El metabolismo de la lágrima)

XXI

yo no veo con mis ojos: las

palabras son mis ojos.

Octavio Paz

las palabras desean hablar

escucharlas fue la primer tarea.

abrir / descubrir las palabras

fue abrirse uno mismo.

descubrir antiguas metáforas

fue ser alicia perdida en el jardín

escuchar la historia de las palabras

es entrar en la historia del ser.

pero esto que escribo / es sólo/

el fragmento de una meditación

la danza de un sufi / la magia de un druida/

la cuerda tensa de un violín / afinando /

para el próximo concierto/

es sólo un fragmento de la imaginación.

(De:Mandala)

(c) Silvia Loustau

Silvia Loustau dirige el blog:

www.silivialoustau.blogspot.com


imagen: Jesús Rafael Soto, Structure cinétique, (de la muestra en Fundación Proa)

Paulina Juszko



Lances en la capilla de las canossianas


Ton souvenir en moi luit comme un ostensoir!


Charles Baudelaire, Les fleurs du mal

Mínima blancura / pureza máxima irradiando solar en medio de la penumbra

engarce de oro para tanto albor

y en medio del silencio un perfume de claveles / azucenas / nardos

(cuando todavía perfumaban

cuando aún bodelerianas las flores se evaporaban cual incensarios).

Y en medio de la soledad presencias misteriosas frecuentando la ausencia

identidades ambiguas

(porque no era la misma hostia de los recortes guardados en los bolsillos para jugar

a la comunión

o las “cercenaduras” que el sacristán le regalaría mucho más tarde a su Cristinica

era lo mismo y no

de pronto no: Él la habitaba).

Y en medio de los rezos fijaba la vista en la custodia

sin pestañear

seguramente vería su rostro

(porque ella era buena / tenía fe / podía compararse sin desmedro a cualquier santo)

¿por qué a mí no?

¿por qué a mí no?

Y en medio de la adoración un duelo sin cuartel

estábamos enfrentados en la penumbra / en la soledad y el silencio / entre rezos

musitados

mis ojos te atravesaban con dardos de súplica.

Y en medio del mareo / de la náusea nacían serpientes que se deslizaban sobre los

reclinatorios:

la Frustración de cabeza gacha y ojos llenos de lágrimas

el Resentimiento áspid agresivo de mirada llameante y corazón insatisfecho

la Envidia enroscada sobre sí misma y mostrando su silbante lengua

la Soberbia reptil de belleza incomparable

las cuatro serpientes capitales tomando posesión de su presa.



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Hay noches en que

como los recolectores que descubren

diamantes perdidos en la basura

milagrosamente

entre los restos de mí misma

encuentro una chispa de vida.

La veo brillar

empecinada y absurda

en un revoltijo heterogéneo.

En medio de la podredumbre

de los abortos

de las sobras

lanza resplandores insólitos

llenos de gracia.

Es una sobreviviente

una náufraga

¿cómo ha podido abordar estas playas...?


(c) Paulina Juszko




imagen: Eugenio Daneri, sin título (de la muestra La mirada desde la sombra, Museo de Bellas Artes de La Boca Benito Quinquela Martín)

domingo, abril 19

Fran García Parra


CONFUSIÓN

1

Estoy apareciendo,

Cielo tardío.

Piel, cuerda y huella.

Estoy acariciando:

Signo, fuerza y danza.


2

Piensa

Que mañana la luna

Ya será de otros.

4

Es porque te pienso

Por lo que no quiero

Que te quedes conmigo.


5

Libre el verso en la cintura del tiempo.


6

Hay

Flujo vaginal

Por todas partes.




7

En un agujero de la

Luna

Inscribí por primera vez

Mi nombre.

Mientras divagaba

Me acordé del

Colmenar

Y de sus sombras vestidas de

Blanco.

Sentí

Que era el mismo

Lugar

Donde ya había encontrado al

Verbo.

Donde estaba lo que yo no podía

Exigir

Las ventanas abiertas del

Rastro.




8

Y no puedo seguir estando

Unido con el barro.


9

Bailaré por ti

Si sigue el silencio

De tus pechos en el aire.


10

Sepas que el poema

Empieza en tu piel,

No en tus ojos.


11

En los pétalos de la luna

Hay una mujer

Que huele a mí.

En su boca estoy yo

Sentado

Haciéndome aire.


12

Grito, que gritas

Paso, que paseas.

Limpio mi cuerpo

Y lo ensucio,

Pinto los trapos

Y los junto.

Agua, que fondeas

Fuego, que quemas.

Sabré sintiendo

Que o qué

(Es cierto).


13

Bailaré

Bailo

Baile

El viento.


14

O habitar el silencio

O pronunciar palabra.

O morder el labio

Y mover las manos.


15

Voy a verte,

Voy.

Deséame suerte.

Que voy a verte,

Va.



16

De la luna perfecta de tu boca.

Vendrás.


17

¿Y los

Pájaros?

(c) Fran García Parra


Fran García Parra nació en Murcia, vive actualmente en Barcelona

es director de la revista digital Toreteo. http://www.toreteo.com/

imagen:


Nicola de Maria, Maschera dell’amore, 1980 (de la muestra La Transvanguardia italiana en Fundación Proa)

sábado, abril 18

Paula Ruggeri


QUE NOCHE TE GUARDE


Rendido y violento y suave y mío

Yo soy copa en que se vierte tu dulce vino

Alma viajera en barco sin velas

Capitán extraño que en tal mar navegas

Tu sueño viaja entre estelas eternas

Que noche te guarde y día te beba

Rocen ya tus labios altares divinos

Bébase la noche tu lento suspiro

Como yo lo bebo.

Derramando vida como fuego

Dulce que es el hombre

Como yo lo sueño

Navegando fuerte por el río abierto

Torrente de rosas, de rosas sin dueño

Hombre derramado, derramada savia

Durmiendo en la luna de más blanda agua

Derramado fuego, guerra derramada

El más dulce beso que nunca diera espada

Tormenta embriagada en un mar tibio

Y en mí tu cuerpo llueve en oro y en limo

Como yo te lluevo

Bendito mi vientre que cobija tu sueño

LA VIDA QUE DEBO

Te bebo despacio, te bebo suave

Te bebo furiosa, violenta

Te bebo sofocada, te bebo exánime

Te bebo con ardor valiente

Te bebo con debilidad cobarde

Te bebo tibia, pacíficamente

Tengo la vida para beberte

Te bebo con prisa, te bebo lenta

Te bebo dormida, te bebo despierta

Lenta viene la tierra a soñarme muerta

Y yo sola sueño en la rosa abierta

Lenta viene la noche a ocultar mi ruego

Ruego desnuda ante cielo abierto

Lentos rugen los mares, pidiendo mi cuerpo

Y lenta naufrago en barca sin dueño

Lentas son las deudas que deben pagarse

Y mientras muerte sueña conmigo

Yo sueño tenerte

La vida que debo es para beberte

(c)Paula Ruggeri

imagen: Andy Warhol (Museo Rufino Tamayo, de la muestra en la Fundación Proa)

Rolando Revagliatti







Salven






Los salvavidas

de plomo

como los sentimientos

son un plomo



aunque

a veces

salven

vidas



los sentimientos.





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Aún hoy





Logré que sucediera

y no sólo una vez

sino dos



y que una de las veces

fuera memorable



El alcance de mi logro

aún hoy

me devuelve al suceso.




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Humano






¿En el mismo río

cuántas veces me ahogué?



He sido en eso de ahogarme

tan estandar



Y lo he sido en eso

de ser mi propio río

no sé cuantas veces

ahogándome.





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A, para & ante






Los jóvenes extorsionando

a los viejos



Entre sí refractando los jóvenes

cinismo e insidia para

los viejos



Licuándose los jóvenes

diluyéndose ante los

viejos.





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Qué interesante






Algo te incluye

algo me incluye



Algo incluye todo lo que hay

y todo lo que no hay

(entendiendo que incluye lo que podría no

[haber)



Te incluye porque vas a morir

me incluye porque no he nacido

(entendiendo que incluye que yo

podría

no nacer).







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Bien debiera ella saber






La simetría

me reconviene:



bien sabe ella que nada

del todo simétrico

podría esperarse

plausiblemente

de mí.







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Encarnación





Nosotros

los pensamientos del afiebrado

"encarnamos"

testimonio del pasmo

trasmitido a la empuñadura

del objeto punzante

que hiende el guiñapo

que es su mujer.







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La falta de la sobra






No tiene pies ni cabeza

esto no tiene

ni pies

ni cabeza



Debe ser un sueño



Sin pies

ni cabeza

debe ser el sueño de un soñante

con predominio en pies

& cabeza.







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Ella adujo





-Estoy interferido, es por eso-



musitó él

presa de confusión



-Ganado que hubo el más mejor

amado mío

sólo te resta

reconocer la derrota-



adujo

con sosiego exultante

la interferencia.






(c) Rolando Revagliatti


imagen: Francis Bacon (Museo Rufino Tamayo, de la muestra en la Fundación Proa)

Silvia Spínazzola (Silsh)



Por decir


Puedo decir quizá último espacio
contenedor de historias repetidas
en los zapatos rotos por su piedra.


O decir tal vez sensual fractura
del canal ilusorio que se invierte
al no hallar su punto de equilibrio.


Diré que el tiempo
es sólo un juego
sin más itinerario que la espuma
que deviene en un pez
sobre la tierra.

(c) Silvia Spinazzola (Silsh)

imagen: René Magritte (Museo Rufino Tamayo, de la muestra en la Fundación Proa)

viernes, abril 17

Amado Storni


ALGUNOS POETAS



ALGUNOS poetas escriben

creyendo que su soledad es compartida.


Otros porque piensan que su voz

es la voz de los que sufren,

de los que no saben hablar o no pueden hacerlo.


Los más se atreven a escribir sobre el Amor

sin haber amado nunca.

Y empachan de pasión

esos amores que siempre soñaron

y que no tuvieron nunca.


Incluso los hay que se pierden en vocablos,

ridículos pleonasmos,

epítetos absurdos,

redundancias mil veces redundantes.

Y ensucian las palabras

derramando sin sentido sobre lo que ya tiene sentido.

¡Y nadie les entiende!.


Algunos son poetas de salón,

poetas sumergidos

en las aguas siempre gélidas del éxito,

del éxito que efímero les da

el haber ganado un premio.

Poetas que se bañan

en las vanidosas aguas

de ver sus escritos viajando en Internet:

versos olvidados descansando

en foros literarios que ya nadie visita.


Hay poetas que cuando el compromiso y la verdad

incansables llaman a sus puertas

acaban por mirar hacia otro lado.


Poetas que enmarcan la poesía

con títulos que decoran

las paredes blanquecinas de un despacho.


Poetas que se pierden

en noches siempre oscuras

esperando que una musa

con forma de bombilla

por fin les ilumine.

Y a oscuras... siguen esperando.


He leído versos aburridos,

poemas que despliegan horizontes,

que tropiezan

y acaban desplomándose en el suelo.





Y mientras mis poemas,

perfumados muchas veces de espejismos

y otras tantas de ilusiones,

esperan en silencio

que el tiempo los rescate

de ese olvido tantas veces olvidado,

que huérfanos de sueños

alguien los adopte como suyos.


Versos incompletos,

dislocados,

repartidos,

versos infectados de esperanza,

preñados de futuros,

insomnes de pasiones,

compartidos,

inmortales,

para siempre.


Pero Bécquer solo hay uno.


(c) Amado Storni


imagen: Rómulo Maccio, Puente, (de la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes- Buenos Aires)

José Manuel Sanrodri


ANILLOS DESPUÉS DE UNA BODA


Troncos que amurallan el horizonte solar

en su auténtica magnitud de hiperrealismo,

literalmente los corazones se barajan sin más,

transitando las huesudas torres corpulentas

con el apodo grabado de su idealismo.

Ardientes huecos abruptos sellando el olvido

que se refugia a través de la niebla sin habla

para inyectar en sus dedos tres anillos:

El primero: los recuerdos insaciables del niño,

el segundo: los reproches de luz que se extienden contigo

y el tercer anillo, tuerce uno de tus ojos de cuello

sobre la cúpula de hierro de la catedral del destino.

Rocíame delirante arroz amarillo

y clávame el cuarto anillo, de casada y casado

para esta jaula de mis desnudos grillos.

Ya te hablé cuando éramos viñetas desdibujadas

en barrancos dañados de cicatrices al amanecer,

palabras apócrifas que rebotan en sus edades efervescentes

y si la orfebrería del anillo aprisiona mi dedo

dejaré de ser una piedra que se cruce en un camino

de fábulas acechada por los espejos.

PRIVADA DANZA DE MÚSICA


Unos oídos que se han quedado ciegos

se resignan a escuchar el vértigo vacío de la música,

donde los violines de las chicharras descifran el silencio

y el frágil pentagrama interpreta irrespirables notas

para que dance una muñequita con ojos de goma

que pernocta en el interior, de un joyero en madera rota.

Al hervir en el aire la vigilia de una melodía metálica,

los dedos de mis pies se apuntalan en el torpe zapateo

de secas polifonías, no se escucha el vinilo arcaico de burbujas,

y mis piernas, son reemplazadas por los resortes de bisagras

de las que cierran y abren en el agua de ese cuerpo mío;

la música rescinde y la polichinela en el último giro se desarma.



(c) José Manuel Sanrodri


España



imagen:Rómulo Maccio, Otoño (de la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes - Buenos Aires)

Gloria Dávila Espinoza


BARRO Y SAL

Tarde:

Te asomas y gritas a mil vientos
apenas tu rostro es noche
tu leve ronquido
tras el pórtico
se oye languideciendo
un hombre de sal quieres ser
cierro mis ojos al mundo y
sois eremita en mis pasos cedidos
que a exactitud de mujer en cintos
preñado de olores es viento de mi barro en tarima
que siente devorar un siglo en artesas
mientras susurras a oídos que sois:
eclipse lunar
nube herida
fuego de mi vientre que hierve
para el que no hay
asbesto que soporte.



Allí…Barro y Sal
sucumben a sus delirios
de pétalos, antorchas y saetas
silbando a miembro y cáliz
zurcidos por el tiempo que es eternidad en tu fiereza
que a graznidos perfila el mar en mis pies
para legarme toda mi esencia de mujer en barro y sal
y que me azote la luz en ciernes
para hacerme círculo y fuego.


© Gloria Dávila Espinoza
Poemas del Libro inédito “Fuego del Cadalso”

Perú

imagen: Rómulo Maccio, El pato de la boda,(de la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes- Buenos Aires)

lunes, abril 13

Albem Fuentes




Cansa vivir cada día

Solo.

Cansa vivir.

Hacer la música del mundo.

Cansa.

Ofrecer la doble mejilla.

Cansa.

Administrar frustraciones de otros.

Cansa.

Alterar.

Posponer.

Alterar.

Posponer.

Reducir el sentido.

Cansa.

Cansa vivir cada día.

Solo.

Con los demás.

Solo.

Por los demás.

Solo.
Para los demás.

Cansa vivir tu precioso tiempo

Y al final nadie lo aprecia en su real significado,

como mi padre supo decirme

poco antes de morir.

(c) Albem Fuentes

De Con cierta elegancia


(enviado por Edel Morales, Cuba)

imagen: fotografía de Maider Bilbao, ver galería de imágenes en la revista Archivos del Sur)

Ulises Varsovia


Clarividencia

Clarividencia cristal,

cristalina clarividencia

la poesía

envuelta en túnica talar, huidiza en cadencias

de fugaz melodía.

Lámpara luminosidad,

lámpara luz esplendente

encendida

de misterio oracular,

fluyendo a torrentes

y apenas asida.

Toda su virtud llamear

de desnuda claridad

ofrecida,

y su vuelo parpadear

con alas celeridad

sólo sentidas.

Ráfaga luz incendiaria,

ráfaga lumbre de astros

adormecida

en el espejo del agua,

roto si la sed sus labios,

o apenas decirla.

Clarividencia cristal,

diáfano río sonando

la poesía,

y su veloz parpadear

en tu ansiedad un resabio

de melancolía.


De:Racimos (1998)

(Inédito)


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Llaves

Años de difusa luz

detenidos, temblorosos,

en la caligrafía

de mis viejos cuadernos.

Alguien vino aquella vez,

alguien tocó a mi puerta,

y me entregó un manojo

de llaves oxidadas,

carcomidas por el tiempo.

¿Qué cerradura abriré,

a qué casa fantasma

regresaré con los míos

a soplar el polvo,

a reconocernos, di?

¿En qué fría habitación,

sobre qué lecho vetusto

depositaré mi cuerpo

para volver a dormir,

para regresar del sueño?

¿Y quién nos llamará, di,

quién irá de cuarto en cuarto

llamándonos en alta voz,

pronunciádonos despierta,

con la misma voz del ayer?

Imágenes de mi cuaderno,

letras que escribí llorando

para arrancarnos del polvo,

para volver a vivir.

Alguien vino, sí, hermanos,

alguien me reconoció,

alguien me entregó las llaves

de las viejas cerraduras,

de una casa, un lecho, una voz.


De: Pasto de las llamas (2008)

(Inédito)

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Bruma materna

De entre la bruma asome una mano,

asome un rostro inconfundible

lleno de indelebles cicatrices,

asomen las fotografías

de niños clavados en el tiempo,

y la silueta de una mujer

de indefinibles rasgos, llorando.

Nadie más que tú, desconocido,

anónimo viajero en camino

por las páginas de las vidas,

nadie más que tú los indicios,

las llaves, los escondrijos,

el aroma de los ausentes.

Tú el mismo el que allí, detenido

en medio de brumosas formas,

tú mismo el que soplando, hinchados

los carrillos de tempestades,

tú el único, hijo, que en lo alto

con tu mirada pura tendida,

mirando acercarse a los difuntos.

Déjala levantarse, siquiera,

déjala proferir, llorando,

las palabras del perdón, siquiera.

Déjame, hijo, llegar a tu vera,

y acariciar tus amados rasgos,

y decirte adiós por vez postrera.

(Pero has de seguir asomando

por entre la materna bruma,

con tu inconfundible rostro

lleno de indelebles cicatrices,

y la silueta de otra mujer

de indefinibles rasgos, llorando).


(inédito)


(c) Ulises Varsovia


Chile- Suiza

imagen: Sola, Martín Di Girolamo, (de la muestra "De rosas, capullos y otras fábulas" en la Fundación Proa)




sábado, abril 11

Elena Caricati Pennella


OLGA OROZCO


El oro fino de los iniciados

está en tu nombre.

Escribiste con tus manos de sacerdotisa,

tus pies sacramentales,

con todo tu cuerpo

y la poesía te cubrió con su manto dual,

ferocidad y esplendor.

Un sendero cruciforme fue señal.

Nada puede alucinar más

que una constelación adversa.

Anduviste por ciénagas y terraplenes,

travesías por mares tenebrosos

pero construiste un mandala

de cuarzo y sal

para mantener el orden de los salmos.

Has dejado atrás los sótanos de niebla,

los cuervos retornaron a otros espacios,

no te persiguen las encrucijadas de la noche,

descansan los chacales y las profecías

entre las runas y las cartas del tarot.

Ahora los espíritus numinosos

que entre la vigilia y el sueño

jadeaban sobre tu rostro

se han reunido,

comparten tu delicado aposento

en la patria de los querubines

donde el lirio es eterno

y el agua de las vasijas

es transmutada en vino.

Ya no hay ausencias,

en lo invisible reina la totalidad.

La quinta estrella brilla sobre tus cabellos.

La cegadora luz resplandece

en tus ojos de esmeralda

como la tabula de Hermes.

Gran poeta,

en los anaqueles celestes

tus libros revelados se pueden leer

con los ojos del espíritu

como leen los muertos y los santos

la escritura de los ángeles.



(c) Elena Caricati Pennella

(Buenos Aires 1936 - José León Suárez,2009)

De su libro Liturgia del abismo (Munro, 2008)


(enviado por la Sociedad de Escritores de San Martín -SESAM)

Imagen: Alfredo Volpi, Vista de Itamhaém con mar al fondo (de la muestra en el Malba)











Nela Rio



Sólo para verte

“...y si alguien me llama

díle que me he ido”

Alfonsina Storni

Quizás llamara en aquél día

en que sólo tu silencio lo abrazara.

Quizás

volviera al mar, para verte,

sólo para verte,

y caminara turbado la forma de tus pasos.

Quizás concibiera tu nombre escrito en algas

o imaginara tu boca entre azucenas.

Pudiera ser

que te supiera en el sol que tirita en los abismos

y sintiendo la sal deshacerse en su boca

retomara los pasos hasta ahogarse en sí mismo.

Nunca supo, ¿recuerdas?,

que era silencioso el fragor de las olas

y que tú,

con los ojos abiertos,

te echabas a volar sobre la historia.

(c) Nela Rio


En Homenaje a Alfonsina Storni, Antología poética. Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de Málaga, Málaga, España, 1996. Poema de Nela Rio en pg.33


imagen: Roberto Rossi, Tazas y frutas, (de la muestra en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco)

Ana María Manceda


LA DUEÑA DEL MUNDO

Es irónico, al menos risueño, ir en un bus hacia el trabajo

una mañana de primavera y sentirse la dueña del mundo

porque sí, porque los ojos inmensos brillan , el cerebro bulle de proyectos

y las hormonas esclavizan el cuerpo. Soy la dueña del mundo.

Vivo al límite, por eso he llorado y he escrito un poema esta mañana,

tan solo esta mañana por la guerra de Viet-Nam.

El otro día, la semana pasada fue por lo de la FAO.¡ Hay hambre en el mundo!

Mientras la lluvia cae insobornable sobre la historia, arrasando las espigas

y las esperanzas. La sequía acecha, el desierto acecha. Y los pájaros cantan sobre la tierra.

Soy la dueña del mundo, no me alcanza el tiempo,

aún a los dueños del mundo no les alcanza el tiempo.

Por la tarde, mientras el sol se cuelga e insiste empujando los vitrales del subsuelo ,

ayudado por los aromas de las flores del bosque que abraza a la Facultad,

me sorprende extasiada mirando por el microscopio ; una célula vegetal

o la espora de un hongo o el perfecto cristal de una roca.

Yo extasiada, y no me alcanza el tiempo.

Por la noche el azar me lleva , el tiempo tampoco alcanza

las estrellas se alejan, mis manos, mi cuerpo no pueden seguirlas

quizás mi cerebro. sí mi cerebro, sí mi cerebro.

Amanece. La dueña del mundo comienza su ebullición.

Ocurren tantas cosas en el planeta y la familia sigue la estúpida, nociva

tarea de autodestruirse, mientras ocurren tantas cosas en el planeta.

La lluvia cae y el desierto acecha. Los pájaros siempre cantan.

Olores, jazmines, río , noche húmeda. sabores, panchos, pizzas, asados.

Crepúsculo y cerveza. Amores. Libros, libros, libros. Música, amigos,

se juega a ser hippie, bellos, comprometidos. Recitamos poemas en francés.

Es irónico, al menos risueño ir en un bus y sentirse, porque sí,

la dueña del mundo. Hace mucho, mucho tiempo. Ahora es más irónico aún.

Amanece, caen copos de nieve en mi jardín

en la cama, un cuaderno, una lapicera y mi cerebro

sí , mi cerebro ¡ Flasch! Y soy la dueña del mundo.

(c) Ana María Manceda

imagen: Jesús Rafael Soto, “Sphère Concorde”, 1996
Hilos de nailon y madera (de la muestra en la Fundación Proa)






























Laura Panizo


Febreros

No te debes más

Que tu propia promesa.

En tu bolsillo,

Ella y tu nombre

Desmenuzan sal.

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Todas las piedras


en una sola mano.

Sus dedos la rechazan

y nosotros las amamos

por su promiscuidad.

Todas con todas se rozan

y tan pronto como se acarician

se hacen polvo.

Quienes pudimos admirarlas

en su balanceo

nos hemos sentido

ridículamente acompañados:

también ellas han temblado

antes de desaparecer.


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Tallos de casa


A mis hermanas (Juli y Fer)

Yo veía estallar jardines

sobre mi nogal.

Todos ellos soñaban

con escupir las nueces

que en julio

eran solo nuestras

(nos hemos reído de niñas

las tres

saltando como bailarinas

sobre sus hojas).

Menos mal

que extensa la sombra

del árbol talado

ejerce el ruido

de las nueces al caer

besamos entonces con las manos

la aguja del reloj

el pecho que lo detuvo

rebozamos de nueces secas

en invierno

y seguimos siendo cómplices

con la mirada más profunda

- hojas de hermanas -

de la envidia de los bosques.

(c) Laura Panizo


imagen:Roberto Rossi, La jarrita verde, (de la muestra Vida quieta, en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco)

Romi Amodei


Exilio del contacto

La inercia
sostiene su cuerpo.
La noche
se convierte en un tambor.
El sueño
se aplasta contra la pared
y se desvanece.

La indiferencia
como un torbellino
en el espacio.

Palabras acróbatas
lenguas blancas y pastosas.

Vagar y divagar
buscando algún “juez”
que no pregunte.

Máscaras
y ella detrás
corrompida, sola.

Pasajera en tránsito
exiliada del contacto.
La piel en cautiverio
cerca de la frontera.

Suena una música
que nadie toca.

En un camino
verde y amarillo
se agita su bravura.

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Nordelta


Sopla el viento,
La tensión que fluye,
Por el agua al galope.

Una leve caricia,
Por debajo de su piel
Lo hace suspirar.

Vuela su secreto,
Más allá que de su voz,
Horizonte destemplado
Entre cálidos y fríos.

Vibraciones leves
Penetran (en) la profundidad
De aquel sonido.

Barrenando entre olas que no lo son,
Acompañado de soles y espejos,
Baja el resplandor del río.

(c) Romi Amodei

imagen: Eduardo Serna (de la muestra Pinturas en la Pueyrredón)

Alicia Baigorria


LA TRANQUERA





Sobre la tranquera

que va al río

se perfila el sol,

esteño y frío.

Sus rayos perforan

el encaje

de ramas desnudas,

libres de follaje.

La niebla oculta

los lejanos árboles

que bordean la orilla

del rìo hermano.

Los cardos irrumpen

en la luz difusa

como sombras ocres,

fantasmas que asustan.

Se anuncia el día

tibio del otoño

mostrando un cielo

emponchado y loco.

Este es el tiempo

en que se enciende

el fuego

en hogares de campo.

Brasa y leño.

Momentos compartidos

con la cálida lumbre.

Recuerdos y olvidos.

Mate amargo. Silvidos.

Soledad y frío.

Calidez y nido.

Afuera ... la tranquera

que va al río.

(c) Alicia Baigorria

imagen: Eugenio Daneri, En las afueras (de la muestra en el Museo de Bellas Artes de La Boca Benito Quinquela Martín)

Susana Szwarc






A Ali poemas


Horas

Esa niña flaca, decimal con su flor

roja al ladito del borde: mira claramente al que

levanta la pala

un pie va a hundirse –con la pala –en el montón de barro.

Es la hora del entierro y la flor

por arte de magia será libro.

La niña –que no sabe-

lee “sobre el dolor inmensurable

los nietos no nacidos”.

Nos distraemos por el sonido de un saxo

que comienza a trepar –metálico –

hacia atrás y salen más niñitas de los ranchos.

Es la hora del pedido:

ejendú ché, omé é ché un pedacito de pan

-golpean, esos niños, sin padres

-otra vez, piden pan

-¿no les dan?

Ordenemos la historia ¿Evita había muerto?

¿Perón había caído? ¿Su estatua destruída en

la placita Sarmiento? ¿Yo tenía el sarampión?

¿Cantaba Ramona Galarza? ¿Tu perro

aquella noche era un lobizón? ¡Oh!, sí, tal vez tu perro

aquella noche, era. Lame la sal del cuerpo y

las tan estrellas caen, por mí.

El lobizón desvanece de cercanía. Apenas

alcanzamos los breteles. Maldito gallo, que se

calle. Y que nadie sepa nunca.

Otra hora: tu siesta, los mosquiteros hacen

marchas hexagonales sobre mi morena

piel más vieja que el sulki

verás la polvareda y en ella el surco

¿dónde aún me harías caer?

(la longitud del muro hace a la partida

de los perros)

Recordemos: la niñita –la de la flor roja-

detenida como en un recital infinito y el saxo:

único movimiento acompañado por el taburete

donde una madre oye:

-¿quién no ha leído a Nietzche a los 17 años?

dirá él, ágil sus dedos arman cigarrillos

sus ojos alucinan patios y potras.

Dirá, es la hora de jugar: serás Yocasta

y juegan al día más perfecto de la historia.

Guardan azúcares aceites en el jarrón de lo indecible

jueban a encontrar los fierros para disparar: a los gatos

las alarmas al hueco del jarrón y a sacar al muerto

de su torpeza: su obstinación de muerto.

Arrancan flores hasta la niña decimal

jadean:

ningún patio es completo

ni siquiera el de la madre.

Recordemos: el saxo, las horas,

la niña que dice es la hora

y vuelve a leer.








DECLIVE


Por el ojo de la cerradura vemos

cómo deja la palangana en el suelo: tiene agua. Ahora

no se ve. Hasta que levanta la mano

blanca, la misma con que la prisionera (jovencita

en Siberia) llevaba maderos hacia el barco.

¿Y las niñas? en la escuela

atrás de la vía.

Tiene una gillette y el ojo apoyado en la cerradura mira

su negra axila de abeja-madre. Arrasa. Algo se corre.

En el encuadre, un ojo mira al otro.

Si me estiro veo

la palangana (llena) de estrellas y abedules

también blancos: habría nevado.

(El hermano, sobre la nieve, corre

a la muchachita y ahora los ojos ya no ven.)

Atrás de la vía:

campanas.

Va a salir. Hay que correrse. Abre la puerta y desparrama

el agua (turbia) al gallinero. Nubes la alejan, hacen pasillos

hasta que tiende más ropa en puntas de pie. Los brazos en alto. Abrocha.

¿Cómo hallar ahí dónde posarse?







Vano

me da

una blanca

flor

que no huele


la dejo

en la sombra

del agua

del jarro



















¿POR QUÉ SONREÍA ?


Alguien arroja un huevo

crudo (podría ser también por agua),

hacia la zona de montañas, altísima,

justo en el lugar de las nieves eternas.


Ese gesto es trivial, tan cruel (casi)

como el gesto del asesino que arroja

cuerpos

al océano

pero que, por algún motivo del azar, se ve

en los ojos de la víctima, que le sonríe.

¡Ah!, cada día, cada noche,

la misma inconcebible pregunta:

¿por qué sonreía?

o aun: ¿por qué me sonreía?

Y cada vez

el verdugo cierra los ojos, aprieta los oídos

como esos niños atormentados por los gritos

de una madre todavía inexplorada, y se muerde

los labios.

-No hay que aceptar la pregunta- piensa.

No le dice a nadie lo que piensa.

Mientras la frase no le salga de la boca

nadie (nadie) contará el cuento.

Ahora (que alguna vez es siempre),

la dignidad de la montaña

resbala junto con la yema.


Hay manchas de luz.

La noche es negra y blanca:

como no saber si es de día

o se hizo pedazos la montaña.

Ninguna jarra para guardar un trazo

de la nieve, ni regazo.


Si algún tierno, tesoro,

deforme (¿yo, vos?)

mirara hacia allí diría,

entre lágrimas claro,

-¿cómo cuelga así? Cáscara, yema,

montaña.

La caída de qué letra, o paisaje

sin reparo.


¡Ah!, pero el tiempo no se queda quieto. Sopla.











BÁRBARA


Ese cuerpo excesivo

aún después del strip-tease

es tan leve como el mejor

afiche ante mis ojos.

La estética del poster

me hace sonreír

y mecerme en la silla de mi casa

(al compás del ritmo ajeno).

¡Ah! es exactamente igual

que ofrezca Bárbara su carne

-de verdad, de mentira-

para mí.

Su nombre acerca a mi memoria

el poema de Prevert

aunque ella insista : “mirá, también me llamo Sonia

y no hay en mis manos ni crimen ni castigo”.

Pero ninguno de estos recuerdos

sirve esta noche,

ella está allí, quitándose siempre

su ropa dorada, justamente para llevarnos al olvido

y su cuerpo es un mapa perfecto,

un territorio para abrazar,

arrojar monedas,

atrasar relojes.

De pronto ya no sé qué sucede.

No hay ruido de pulseras en la habitación de al lado

y la música que sale de la radio,

que despierta a los vecinos,

me afecta el sentido del gusto, la clarividencia.

Un hombre, otro hombre,

abraza a Bárbara.

Bárbara tristeza la del hombre

que la abraza y no apaga así

sus lágrimas de carne.

Pero el llanto es de los dos

y valen nuestras monedas.



(c) Susana Szwarc








imagen: Joaquín Torres García, Colección Rufino Tamayo, (de la muestra en la Fundación Proa)

viernes, abril 10

Beatriz Mónica López Osornio


LA MUERTE QUIERE...


La muerte quiere
que me pinte de amarillo
para opacar al sol
y danzar en penumbras
hasta que la luna
deje blancos mis huesos.

NUESTROS H.I.J.O.S. *


Tan pequeños y tan grandes
con su inocencia robada
por las aves de rapiña,
dieron su discurso de luces y sombras
y nos dejaron su almíbar latente
a nosotros
los desmemoriados de siempre.

* H.I.J.O.S: agrupación de hijos e hijas de detenidos-desaparecidos de Argentina durante la última dictadura militar.

DESDE UN RINCÓN.



De niña tuve un vergel
de canela y cinamomo.
Hoy la muerte ronda
en mi jardín de niña
para que ignore los aromas cálidos
y solo sienta el óxido
de la sangre tibia
de los vergeles huérfanos.


UTOPIAS DE LA
VEREDA OPUESTA

Brevemente el recuerdo
rebozó la mirada lejana
desde el asiento
del metro
de París a Buenos Aires.
Con destino fijo a tierra
de nibelungos y Fafner.
Con cronopios, famas
y alguna que otra ESPERANZA.


(c) Beatriz Mónica López Osornio

imagen: Alfredo Volpi, Pescadores (de la muestra en el Malba)

Poesías de Achille Serrao (Italia)






Como estaba

Uno que se va, con un suspiro

de sol sobre los hombros

y los otros en torno piando

buena suerte; uno que no mira

atrás ni siquiera para decir si vuelve

o si no vuelve, porque hasta pensarla

es una herida la vuelta, como el irse...

Aquel de nosotros se fue,

ante todo con los ojos y se aturdieron

los colores: el rojo mezclado

con el verde a lo largo de las logias

el blanco...

los niños delgados su fortuna

sobre la boca... Regadme las flores por piedad

cubridlas cuando el viento frío

sopla punzante. Y se fue... Regreso

no regreso, no me esperéis delante del hogar

delante de estas pavesas crueles

que os tallan el rostro por la noche...

haced que encuentre todo como estaba...




Las cosas

No sucede por aquí que en lo oscuro

se adormezcan las cosas, ni siquiera

la hondura más recóndita de una
rosa;
las grises así, las grises atontadas

se duermen al vaivén de las horas

tic tac adiós cierran los ojos y adiós;

las otras en cambio, aquéllas blancas alertas

sobre la curva del mundo, levantan

los párpados confiando en una

esperanza de sol

que se desliza desde afuera... desde

una grieta a la fuerza...

Alguien no obstante, grises o blancas,

me debes creer, de la sombra en silencio

aparecerá al final de la escalera
( las cosas lo saben)...

¿Lo ves que llamando despacito

viene para llevárselas lejos?

Una casa adecuada


Y después retornar, una casa adecuada

en lo alto de una colina desmayada

y la suerte mas cuál suerte, mi Dios

en medio de este verde verde tan oscuro

que solamente la locura es

más verde: una fiebre de luz

atraviesa las celosías

- y pupilas y mosquitos, ángeles pequeños

un vaivén en esta jaula azulina –

aclara retratos en la pared, hace una sola llama

de aquella gente sin llanto, almas del purgatorio

que ni siquiera recuerdas el nombre.




















En Marzo





Marzo es un mes hinchado, duendes


de marzo se cuelan en los cajones, desordenan hurgando

pensamientos y palabras de una vida

y tienden trampas

en la tubería, la fuente se queja

sopla gemidos de cien criaturas.

También la sangre: resbala pegajosa

maúlla al obstáculo primero

se espesa y se resigna, después

terca vuelve a delirar …

¡Corre río enfadado sendero de sueños!

en esta casa yo soy Polichinela

sin máscara con un aire de canalla,

soy

aquel que en la noche va aullando

a las estrellas.











Un día de aquéllos


¿Qué día … es un día como

los otros, éste que poco a poco

la luz destila?

Alma de flor se volvió mariposa,

un milagro de vida bajo la canaleta

y qué suspiros de alas donde

el día es un día … ¿Temblores

ahora? ¿un lamento sobre el muro?

Qué maravilla, mi Dios, esta excitación

de hojas …

Y yo que me arrastro encima

los años como la tortuga su casa

ve a saber si es una voz

mientras el día es un día de aquéllos

u otra verdad que se esconde.


Pasión I


En el patio un árbol desde cuántos

años mancha verde de esta gente

crucificada en el verano en el invierno

y con una afrenta de clavos también tú, árbol apenado color

de la paciencia y temblor
de hojas plateadas

si sopla cruel la tramontana*.

En torno un aletear de pequeños

narra con voz frenética

todos los días que vendrán

- ¿los oyes?

mas a las bocas entalladas a las

palabras mudas sobre la corteza, oh sí

- ¿quién presta atención?

¿el Hijo que lloró la multitud

apoyado en un nudo de misericordia

en el que tampoco el paro carbonero**

ahora se aquieta y canta?

* Viento frío que sopla del Norte

** Pájaro de la península itálica








II.


El cielo claro como el semblante

de Cristo cuando desde esa cruz

con un hilo de voz suspiró : “Hoy
quién vuela …”
Después se encaminó hacia la última

subida, solo: “ Padre, te confío

alegría y tristeza y … ellos

los pobres huérfanos de días e historia …

cuántas lágrimas he llorado por esta

multitud sin primaveras, lágrimas
negras …
ah, si pudiera en medio del aire

inquieto acunar un pequeñuelo

- tierno el labio – que es mi hijo ...

Está tronando ¿oyes? un poco

de guerra también esta mañana,

arruina debajo de la rosa

la abeja reina y las otras, un gentío

en delirio, se pierden muy lejos …

Padre, una mano …”.

(c) Achille Serrao

Poesías de la última pequeña ediciòn, "Perdidas", que fue traducida al español y al inglés y que obtuvo el premio "Giovanni Pascoli" 2008, 8° edición.

imagen: Francesco Clemente, (de la muestra La Transvanguardia italiana, Fundación Proa)

Blanca Varela por Manuel Lozano




fotos: (arriba) Blanca Varela recibe, de manos de la reina de España, el XVI Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía


(abajo) Blanca Varela en Roma


LITURGIA DE TIGRIDAD

Para Blanca Varela, por el muelle que supiste



Viene desde lejos el salto.
Opulento y avieso, vomita un enjambre
para el museo de cera de tus hijos,
Oh Medea de las grietas,
Señora de los desgarramientos.
¿Maldices la eternidad
porque detestas la nostalgia
de tus antiguas muertes?
El muro de la cacería
es una sábana ocultando alacranes.
Ni siquiera te pedí por mi sombra,
desenhebrada en el tapiz de las lastimaduras.
Me suplicaste hasta las tripas del insomnio.
Prometiste la multiplicación del soplo,
ousia e hipóstasis.
Diríase que la vorágine vuela en cada escombro.
(Más blanca que la nieve,
queda siempre colgando de esta boca
la pregunta.)


Manuel Lozano

Este poema inauguró la edición "Día Mundial de la Poesía (Unesco): Tributo a Blanca Varela", de El Oro de los Tigres -Comunicación de Autor-, correspondiente al 19-III-2009)

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Un catecismo salvaje la anidaba desde lejos. Un catecismo salvaje le hacía destripar muelles y puertos (siempre el agua con sus anuncios, con sus "idus de marzo"); le hacía revelar aquellas transparencias de lo visible. Desgarradoramente, ella jugaba con esos fulgores: los encerraba en pequeñísimas botellas de cristal para mirarlos con una lupa desmedida, acaso regalada por Henri Michaux.

¿Está sólo en el viento el verbo, este verbo? ¿Qué principios le aplicabas al silencio mentiroso, siempre para correr en busca del grito lustral -vestigial y traicionero? Como Kafka en sus Diarios, ella pensaba: Notable, tal vez peligroso, tal vez redentor consuelo el de escribir; ese escapar de un salto de las filas de los asesinos, esa observación de lo que ocurre. Observación de lo que ocurre, cuando se logra un tipo de observación superior; un tipo superior, no más agudo; y cuanto más alto es este tipo de observación, tanto más inalcanzable será resultará para dichas "filas", y por lo tanto más independiente, y por lo tanto más sujeto a sus propias leyes de movimiento, y por lo tanto más incalculable, más alegre, más ascendente será su camino.

Blanca Varela supo del hambre de toda poiésis, amor y hambre -las palabras verdaderas para Billie Holiday-, lo supo desde la certeza del puerto de su primer libro. Sus poemas llueven, literalmente llueven. Asedian con el más metafísico, ardiente de los misterios: lo visible. Blanca Varela supo de los fósiles que nos trae toda lluvia. Fue su cantora, arrancó y desmenuzó cada huesecito con la paciencia de una abuela de Ibsen. Los expuso durante largos años a los ciclos de la luna y del sol. Los miró, largamente. Los miró hasta convertirlos en diamantes.

Entonces, regresó al puerto (desconfiadora siempre de la especie, siempre insatisfecha pero alerta) para crucificar en nuevas palabras esa lastimadura con que la vida prueba a la vida.


Manuel Lozano
Villa Santa Lucía de Syracusa, marzo de 2009


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Selección poética de Blanca Varela
-realizada por Manuel Lozano-

CANTO

Justicia

vino el pájaro
y devoró al gusano
vino el hombre
y devoró al pájaro
vino el gusano
y devoró al hombre

( de Concierto animal, 1999)

Nadie nos dice

nadie nos dice cómo
voltear la cara contra la pared
y morirnos sencillamente
así como lo hicieron el gato
o el perro de la casa
o el elefante
que caminó en pos de su agonía
como quien va
a una impostergable ceremonia
batiendo orejas
al compás
del cadencioso resuello
de su trompa

sólo en el reino animal
hay ejemplos de tal comportamiento
cambiar el paso
acercarse
y oler lo ya vivido
y dar la vuelta
sencillamente
dar la vuelta


(de El falso teclado 2000)

sobre la tierra de sal yacen sin ojos
los negros estandartes del mar
¿qué se hicieron los aires submarinos
bajo los cuales flameaban
antes de la batalla?

¿qué se hicieron la impavidez de la carne
y el lujo de la sangre
vistiendo la untuosa escama de la noche?

en la marmita de los pobres
su gloria se tornará bocado
magro aceite
tal vez eructo y pena


(de Concierto animal, 1999)



Si esta línea viajara al infinito y se dilatara hasta convertirse en puro aire.

Si pudiera encontrar la puerta más estrecha. Un esguince, un guiño y reptar nuevamente sobre la arena. Súbita simiente, pez rey de la pezuña incipiente, cristalina, sin uñas, sin dientes, sin útero ni testículo. Sin agujero donde incubar memorias de la especie. Transparente tabernáculo abuelo de la entraña donde dormita el ojo ciego del ser.

Ángel novísimo, incapaz de cerrar los ojos que la velocidad ha desvelado. Cabellos al viento, aureola del vértigo. Mano-hélices-alas, y la bajada al légamo de una playa original y virgen.


(de El libro de barro, 1993)

Reja

cuál es la luz
cuál la sombra


Tàpies

(puertas)

1
hombre en la ventana
medio punto negro

ángel ciego o dormido

2
puerta con noche encima
abajo y dentro

3
ubre de yeso lágrima de yeso
pisada en el centro de la nube

4
Como el mundo
puerta entre la sombra y la luz
ente la vida y la muerte

5
el justo golpe
la mano la música de la mano
la rebusca en el fuego

(de Canto villano, 1978)
VILLANO


Currículo vitae


digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora


( de Concierto animal, 1999

Secreto de Familia

Soñé con un perro
con un perro desollado
cantaba su cuerpo su cuerpo rojo silbaba
pregunté al otro
al que apaga la luz al carnicero
qué ha sucedido
por qué estamos a oscuras

es un sueño estás sola
no hay otro
la luz no existe
tú eres el perro tú eres la flor que ladra
afila dulcemente tu lengua
tu dulce negra lengua de cuatro patas

la piel del hombre se quema con el sueño
arde desaparece la piel humana
sólo la roja pulpa del can es limpia
la verdadera luz habita su legaña
tú eres el perro
tú eres el desollado can de cada noche
sueña contigo misma y basta


(de Valses y otras falsas confesiones, 1972)